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Déjame tuitear tranquila weón oh!

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Entiendo que no soy la única que se enoja cuando, al mirar tu teléfono celular, salta algún weón a recriminarte, diciendo con tonito jocoso de mierda: «ya estay tuiteando?».

Ese tonito condescendiente me revienta las pelotas, como si te hubiesen pillado robándote las galletas del jarrón o pegando un chicle bajo la mesa. Claro, gente que no entiende que podamos vivir paralelamente en vivo y en online. señoras y señores que se sienten con superioridad moral para cuestionarte un pasatiempo.

Qué chucha se meten en lo que yo hago? Yo no los hueveo por fumar o tomar, pero ellos se creen con el derecho de decirme cuando teclear en mi teléfono. Se creen con el derecho de decirte cuando y con quien hablar. Dicen que se sienten un poco ofendidos porque no los pescas, pero eso señores, no es mi culpa, si usted no logra captar mi atención, el fome es usted.

Y es que ya estoy grande para que vengan a decirme qué hacer y ya tengo suficientes años como para mandarme sola y hacer lo que quiero. Le molesta a usted que yo tuitee en lugares públicos o en su presencia? Pues jódase.

Es cierto que la cosa puede ser un poco vicio, pero yo no lo jodo por los suyos, déjeme vivir con el mío. Es cierto, antes, uno al llegar a un lugar buscaba dónde dejar la chaqueta o dónde estaba el baño, hoy lo que importa es dónde hay un enchufe. Tengo un cargador en el auto, otro en la cartera, uno en la oficina y otro en mi velador. No vaya a ser cosa que me quede sin batería.

Y seamos sinceros, los que tuiteamos de forma activa, antes de preguntarte el apellido, te preguntamos la @. Compartimos un lenguaje común y códigos particulares, nos gusta juntarnos entre nosotros y nos encanta saber que no nos ofendemos cuando en medio de una conversación, el otro mira su cel.

Si yo he aguantado que tú veas el fútbol, tomes cerveza y fumes cerca mío sin ofenderme jamás, yo te pediré humildemente: déjame tuitear tranquila weón oh!