Relaciones, Sexo

6 Razones para fingir un orgasmo

godoy

Mucho hombre terriblemente ofendido con la interpretación memorable de un orgasmo que hizo la actriz Mónica Godoy en el programa Vértigo. Hay que decir que Monica se pegó el casting de su vida en ese episodio, le ganó a la mítica Meg Ryan de “Cuando Harry Conoció a Sally”, y se mandó el mejor orgasmo que he visto en TV abierta.

Lo que me asombra no es su capacidad actoral, es la inseguridad masculina transmitida en redes sociales al darse cuenta de lo fácil que es fingir un orgasmo para una mujer. Pues claro, ven amenazadas sus capacidades de otorgarnos placer, de ser nuestros objetos de deseo, de ser los animales que nos hacen abrir los dedos de las patas. Y seamos honestas, a lo largo de la vida de una mujer, las razones para fingir un orgasmo sobran.

La inercia: inequívoca señal de aburrimiento en la pareja, de cotidianeidad mal entendida, de frustración y desgano. Muchas mujeres tienen buenas vidas junto a su pareja pese a que el sexo les ha dejado de ser atractivo. Me cuesta entenderlas, pero existen y dicen ser felices, y fingir orgasmos para que el otro quede feliz, total, a ellas no les da ni fu ni fa. Insisto, no las entiendo, pero existen y dicen ser felices.

Las lucas: mujeres que están por conveniencia junto a un hombre que no les provoca placer, pero sí otras cosas que al parecer son más valiosas, como el estatus, la tranquilidad financiera, la figura paterna. A diferencia de las anteriores, estas no son tan felices, pero estás tranquilas y quieren parecer felices.

La misericordia: esta es la mejor fingida de todas, es una fingida por amor del bueno. Las relaciones sexuales no siempre son perfectas, ni deseadas totalmente por ambos, existe lo que he llamado “el polvo de la misericordia”, aquel que llevas a cabo porque sabes que tu pareja tiene muchas ganas, y tú en un afán solidario y dadivoso, tal como diría la gran filósofa sexual Ena von Baer, pues generosamente “le prestas el cuerpo”, y si bien no te molesta y lo haces con agrado, no te calienta tanto ese día, pero él está entusiasmado, y tú lo amas, y le regalas un orgasmo de mentira, y lo sigues amando y él se duerme tranquilo, y tú piensas que cuando tengas la necesidad de tirártelo aunque él no tenga tantas ganas, devolverá la mano. La base del amor del bueno.

El ego de él: mujeres que no quieren herir susceptibilidades del macho alpha, que finalmente no es tan alpha porque no cacha que la papa estaría en que te dijeran que no les causas placer para que ellos preguntaran cómo hacerlo y ellas pudieran enseñarles. Dejarse amaestrar por la pareja en los placeres propios es una señal de humildad, y cuando se logra, se logran los placeres más grandes del universo, pero para eso, hay que matar el ego, y entregarse a la educación personalizada.

La inseguridad de ella: esta sociedad machista ha hecho creer a las mujeres que su falta de orgasmos tienen que ver con frigideces infundadas, con faltas de feminidad de ellas, con incapacidades propias de disfrutar el miembro viril entre las piernas; y lamentablemente hay muchas que fingen para parecer más mujeres, para no ser apuntadas con el dedo como las incapaces de tirar con ganas, por no ser esa puta en la cama que nos obliga a ser el refrán popular.

Simplemente no era: esta razón la entenderán las solteras con vidas sexuales activas que tienen más de una pareja sexual al año. A veces, el weón con que te fuiste a la cama simplemente no era la expectativa que tenías, simplemente no te lo sabía hacer a tu gusto, simplemente no tienes ganas de enseñarle ni mucho menos de domesticarlo, entonces en vez de decirle que ni ahí con su polvo de mierda, mejor la haces corta, le tirai un orgasmo en la cara, te vistes y te vas. Sin mala onda alguna, sin conversaciones filosóficas acerca del placer femenino ni pseudo terapia de shock por honestidades innecesarias. Te vistes y te vas. Sin daño colateral. Y tan amigos como siempre.