Relaciones, Sexo

Agradecidas del No-Polvo

Ay. Lo que voy a analizar a continuación hará que muchos hombres dolidos en su orgullo nos tilden a las que estamos de acuerdo, como weonas amargadas, solteronas con arena en la vagina, criadoras de gatos de chalet o lesbianas encubiertas; pero seamos honestas cabras: hay al menos un momento en la vida de toda mujer en la que nos sentimos agradecidas de lo que he llamado el “No-Polvo”.

El No-Polvo es ese polvo que estuviste a punto de cometer, pero te diste cuenta a tiempo de que el tipo no merecía tus muslos, tu humedad, ni mucho menos tu respiración entrecortada; porque el Cosmos es generoso y hay veces en que nos advierte de formas variadas que un ejemplar no es digno de tus desnudeces.

¿Cómo sabemos que esto es cierto? Porque el weoncito muestra la hilacha en cuanto cacha que no te lo va a “poder ponértelo”. Nada hiere más al ególatra-del-pico-endiosado que una negativa de polvo. Entonces en cuanto cacha que sus arremetidas rancias, frases hechas y comportamiento de macho alfa de quinta de recreo curao con chicha no te hicieron caer como ingenua paloma intoxicada de estupidez, pues desboca sus caballos cerebrales en busca del insulto solapado, de que parezca que era él quien pues-a-poco-que-ni-quería meterse en tus pantalones, te trata de ególatra a ti, dice que no vales la pena, que vales soberana callampa, ningunea a discreción y hasta te maraquea públicamente. Especímenes aún más básicos hasta te “inculiablean» por redes sociales.

[INCULIABLE: dícese del ser al que no se le debe ni quiere culiar]

 

Entonces es cuando una se mira al espejo y da gracias a ese Cosmos infinito por iluminar el camino de la cacha fatua y dices: “menos mal nunca me tiré a ese conchadesumadre”. Entonces una se transforma en una agradecida del No-Polvo. Y nada hay para revertir tal sensación frente a un ejemplar de este tipo. Menos mal.