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#AntiModa : El buzo incomprendido

buzo

Se burlaron de mi cuando los recibí estas fiestas patrias en la fonda artesanal de mi balcón, con buzo. “No pretendo afilarme a ninguno de los invitados, respondí”. Y claro, el buzo es una prenda incomprendida, pero que en realidad esconde beneficios insospechados.

Por años, el buzo fue de uso exclusivo para hacer deporte, aseo o permanecer en la casa el domingo sin que nadie llegara a verte, una prenda restringida al orden de la vida privada o sudorosa. Pero al igual que los jeans, que en algún momento fueron exclusivas prendas de trabajo obrero, hoy se los ponen con orgullo para lucir a la moda.

El buzo es, por sobre todas las cosas, una prenda sin pretensiones. Y acá me refiero a los buzos de algodón común y corrientes, no a esas mierdas de moda stretch, con tachas, bling bling y caritas de Hello Kitty en tonalidades rosadas, a eso dedicaré otra columna refiriéndome a la chulería que esconde el brillo y la estupidez que esconde la Hello Kitty en mujeres adultas.

Al ser el buzo una prenda sin pretensiones, hace que quienes lo llevan puesto pasen desapercibidos; pero alto ahí: ¿se han preguntado si la mujer que miran en esos jeans ajustados con push up colombiano, pasarían la prueba del buzo? Pues no cualquiera pasa esa prueba, una mujer cuyo trasero no se ve desparramado y pal pico en buzo, es porque efectivamente lo tiene decente, el buzo no da soporte; o se soporta solo, o se desparrama. Ojo al gol.

Yo, a diferencia de la gente cuerda, soy de las que va a citas y recibe al amigo con ventaja en buzo, por varias razones:

–          El factor sorpresa, nadie se espera una cita con una mina en buzo.

–          El exceso de acicalamiento genera exceso de expectativas, el buzo te deja libre, es lo que hay.

–          Una mina en buzo no estuvo mirándose por horas para verse bien ante tus ojos, hay seguridad.

–          El buzo es una prenda poco invasiva con cuerpos pocos turgentes, no te aprieta el rollo, cae sin incrustarse.

–          El buzo es la prenda perfecta para el amor; cómodo, amigable al tacto, fácil de sacar y si se ensucia, a nadie le importa.

O sea, lo seguimos usando para hacer deporte, pero del otro.