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Bienvenidas las amigas con ventaja

“Fulvio y sus amigas con ventaja” es el título de la última columna de Tere Marinovic, la leí atentamente esta mañana en El Mostrador, y una vez más, la Tere no deja de sorprenderme. No es la primera vez que escribo una contracolumna y claramente, no será la última. Intenta decirnos que Fulvio Rossi es un mal hombre, porque prefiere amigas con ventaja que una Primera Dama, y que a hombres como él no debiera encomendárseles discusiones como el aborto, post natal, el matrimonio o cualquiera otra que lleve relación el género femenino, y entonces me permito discrepar intensamente.

La verdad es que yo tampoco se qué le ven las mujeres al Honorable Senador, porque entre su aspecto de pelo falto de shampoo y el pijama de seda bajo la ropa, la verdad no me motiva ni media hormona, pero como en gustos no hay nada escrito, dejaremos que cada una disfrute con lo que quiera. Lo que si me preocupa, es que a Fulvio se le condene por una práctica que nos acomoda a muchos y en la que vemos ventajas comparativas importantes.

La amiga con ventaja es una especie que debemos conservar como parte del patrimonio cultural chileno, es esa amiga a la que le tenemos cariño, nos cae bien, nos entretiene, y por sobre todas las cosas, nos da una mano cuando la naturaleza llama. La biología es una pulsión potente, y ella está ahí, dispuesta, sonriente y solidaria.

Claro está que la amiga con ventaja no es fácil de encontrar, porque en muchos casos uno de los dos se engancha más de la cuenta y comienza con las odiosidades de solicitar exclusividad, tiempo y dedicación permanente, lo que le roba a la ventaja su maravilloso carácter informal y esporádico. Pero claro, hay mucha potencial novia disfrazada de amiga con ventaja, y ahí es donde finalmente se pierde la magia. Exija usted la original, no acepte imitaciones ni pololas travestidas.

Para Marinovic, “La amiga con ventaja no será nunca ni una verdadera amiga ni un verdadero amor” y ahí es donde, a mi juicio,  radica la belleza y valor de la amiga con ventaja; porque no es a ella donde vas a llorar tu penas ni comentar tus miserias, y tampoco es ahí donde mostrarás tus peores demonios; porque el amor tiene de obsesivo y nos saca esos pequeños terroristas que llevamos dentro.

Entonces me asusta el machismo con que la autora se refiere al rol de la amiga con ventaja al describir: “A fin de cuentas, el que requiere de los servicios de una amiga con ventaja hace un contrato abusivo, y a cambio de unos minutos de placer, obliga a pagar en carne propia intereses que son usureros; intereses que a mi juicio ameritan un desafuero.” Y es que a ella se le olvida que en las relaciones de pareja siempre hay dos personas, y que no es lo que decida el hombre lo que finalmente ocurre y que las mujeres no andamos de enamoradas babosas el 100% de las veces.

Le cuento señora Marinovic, que las amigas con ventaja han decidido serlo y probablemente encuentran alguna gracia en ello; y me atrevería a decir que las amigas con ventaja de Fulvio no deben ser unas pelotudas descerebradas muertas de amor y que se conforman con atención en migajas, si no mujeres con los calzones bien puestos que han encontrado comodidad en esta figura. Yo al menos, la encuentro bien cómoda.

Para quienes hemos sido amiga con ventaja y hemos tenido fabulosos amigos aventajados -cosa que me imagino Tere, tu no has experimentado- podemos decir con propiedad que es una figura fantástica, que te da lo mejor de los dos mundos y que no lleva culpas, cuando dos adultos consienten en una amistad aventajada, ganas una amante cariñosa y pierdes una bruja controladora; ganas un semental dispuesto y entretenido y pierdes un manipulador celópata. Si uno de los dos se enamora, el sistema caga. Pero si eso no ocurre, bienvenidos al Walhalla.

No creo que Fulvio tenga “conflictos de interés” en materias como el aborto, el post natal, o “cualquier otro asunto que diga relación con la mujer” como afirma la columnista conservadora, creo que juzgar la calidad moral de un parlamentario basándose en con quién se acuesta y bajo qué reglas del juego, denota una arrogancia que no solo pertenece a la Tere, sino a la totalidad de la porción conservadora-cristiana-talibana-cartuchona-extremista-pechoña de nuestro país y es un yugo del que deberíamos haber aprendido a soltarnos, hace ya bastante tiempo.