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#BruffiBooks  Lena Dunham: No soy ese tipo de chica

Estoy de acuerdo con la premisa de Lena Dunham de que saber escribir es una amenaza para quienes te rodean y es una amenaza para ti. Vivir de ello llega a parecer un insulto para quienes se ganan la vida haciendo cosas más aburridas.

Cuando escribes solo existen dos formas en que la gente se acerca a ti, bajo la premisa del “no vayas a escribir sobre esto” o la que grita con ansias “tengo una historia para ti”.

Ambas aproximaciones sumamente barsa, he ignorado ambos por los siglos de los siglos, quien decide lo que se escribe o no, siempre seré yo; quien decide si tu historia me sirve para contarla, siempre seré yo. Esto hace que los escritores nos veamos siempre como unos cerdos arrogantes, y honestamente, creo que todos lo somos.  Con mayor o menor ostentación de nuestra potestad. Y el miedo… nunca he entendido el miedo a quien escribe; he visto más hueonas locas en tuiter funando hombre en redes sociales con nombre y apellido, que bloggers jugando a la lista negra.

Teman a aquellos que no se han enfrentado al texto ni al público, esos son los peores. En cuento disfrutan de un poco de atención se les calienta el hocico, se sienten poderosos y quieren más; en cambio quienes llevamos años escribiendo en público, hemos durado esos años porque sabemos de códigos, jugamos más “al que sabe, sabe” que a sacar del baúl o eventualmente del clóset.

Y es una amenaza para ti, claro, porque quien conversa contigo no olvida que tu vas tomando apuntes en tu cabeza, porque sí, tomamos apuntes en nuestra cabeza, pero son tantos que es imposible recordarlos todos, por eso llevamos siempre una libreta a la mano.  Y digo libreta, porque el celular no fue pensado para escritores.

Volvamos al miedo. No me interesa escribir sobre ti, a no ser que me cautive tu historia, tu vida, o tu anécdota. Ten siempre presente que el escritor es ególatra y tú nunca dejarás de ser un personaje secundario, aunque te engañen con regalarte un protagónico siempre será la mirada del ególatra narrada en la voz de su reparto.

Si escribo es porque lo necesito, porque es la única forma que conozco para lidiar con el mundo y si esto te hace leerme, bienvenido al universo de la lengua, que sirve para más que besar con ganas.

Porque el solo hecho de creer que alguien sentirá placer al leer una historia que quiero contar ya me hace una arrogante de mierda, y no me voy a disculpar por eso, es lo que hoy nos convoca.

¿Cuánto hay de ficción y cuánto de documental?

La verdad es que ustedes nunca lo sabrán, incluso yo estoy confundida, a ratos me creo las mejoras que el texto le hizo a mis historias, 100% verdad no sé, 100% honestidad eso si lo garantizo. Porque si la historia original no fue verdaderamente así, honestamente así quise que fuera.

Quiero decirle a Lena que si bien su libro no me pareció la comedia que esperaba, ella tuvo suerte, lo leí en vacaciones de libretos y me dio pie para escribir. Podría escribir un libro entero demostrando lo equivocada que está de tantas maneras, y podría escribir otro dándole la razón en tantas otras. Es un libro que disfrutarán quienes escriben, no por su texto, si no por su compañía; no estamos tan solos ni somos tan llenos de mierda, pero sí no s reconocemos entre nosotros. Quizás nunca habría sido amiga de Lena, nunca le habría tolerado su hipsterismo y pseudointelectualidad; y ella nunca se habría rodeado de una chica tan pedestre como yo; pero pese a todo eso, no puedo no respetar su proceso que bien narrado y siendo inspirador desde el desencuentro me parece que ha hecho más por mí que muchas buenas historias.