#AntiModa, Farándula

Camino a la Red Carpet, bitácora de una chica cualquiera. Capítulo DOS

Llegó entonces el día en que el escrutinio público tocaba mi puerta, había que enfrentarlo con la valentía necesaria, esa que solo te da el morbo de saber que habrán otras peores que tú y que tendrás la posibilidad de ser la primera en verlas.

Comenzaba así el camino al cadalso, inmediatamente después de #PushUp rajar a la manicure y pedicure, porque tengo más cueva que alma y hace unas semanas se había inaugurado “La Esmaltería” y el socio de un amigo es el marido de la dueña y me invitaron a probar los servicios, y como tengo la pura cara de rubia les dije: “justo tengo el Copihue de Oro, así que aprovecho de usarlo para ese evento!” no por nada me dicen la hija de la vieja weona, y así, llegué a mediodía a La Esmaltería a un ritual femenino que me era absolutamente desconocido, nunca me había hecho las manos, y además me hicieron los pies; iba con zapatos cerrados a la Alfombra Roja, pero nica me perdía la oportunidad de la pedicure, humilde pero vivaracha!

esmalteriaEntré a un salón muy lindo, decorado muy estiloso y que la verdad no parecía instalado en una galería de Ahumada, todo muy sobrio, nuevo, elegante; era como un nail spa del barrio alto incrustado en el medio del ajetreo del centro. Me sentaron en un sillón como de la Reina Victoria, me sacaron las chalas y pusieron mis pies en agua tibia, en ese momento entendí que yo podía fácilmente acostumbrarme a estos regaloneos de vida burguesa.

Me ofrecieron un té con galletas, y de pronto estaba yo echada como ballena varada en el sillón, con una chica en mis pies y otra en mis manos; fue un momento extrañamente maravilloso para una que está acostumbrada a hacer todo sola, ellas preguntaban qué tipo de manicure quería, qué color, que tipo de limado y un montón de cosas que yo, por supuesto, no sabía responder; “chiquillas, hagan lo que estimen pertinente conmigo, soy una ignorante y les aseguro que ustedes tienen todas las respuestas a aquellas preguntas, me pongo en vuestras manos”.

Creo que eso no es común en el mundo del estilo femenino, que dejes tu estética en manos de terceros sin hacer comentarios, al parecer es una práctica exótica, me miraron con incredulidad, pero volvieron a darle un vistazo a mi figura completa y creo que les quedó clarísimo que no soy dada a la moda ni la “mariconería” femenina; esto era un salto de fe.

manicure

Me lavaron, hidrataron, limaron, removieron cutículas, sacaron cachos y todo un montón de cosas cuyos nombres yo no sabía; en mi puta vida mis uñas de pies y manos se habían visto así; era una esperanza, al parecer había una mujer dentro de mí y solo necesitaba que alguien la encontrara con mejores lentes que los míos.

Creyéndome la muerte y un poco más con mis uñas prostibularmente pintadas de cereza oscura, emprendí el rumbo hacia Las Condes, porque como usted bien sabe más vale tener amigo que plata en el banco, la maravillosa Paula Labra, dueña y cerebro detrás de la marca de lencería “Love Lust”, en su infinita sabiduría me preguntó: “Chuchi”, porque Paula me dice Chuchi y yo no sé por qué chucha, pero me encanta.

  • a ver Chuchi, ¿quién te va a peinar y maquillar?
  • Ay weona, no sé. Yo, supongo.
  • Pero cómo se te ocurre! Dame un segundo que te consigo con el pololo de una modelo que trabaja conmigo y que es un encanto, seco en todo.

10 minutos después tenía en mi whatsapp a Vicente Ferrer, si weona, el mismísimo hijo del ya mítico Sebastián Ferrer. Si weona, y él me avisaba que ya estaba todo listo para que me fuera a reconstruir el rostro y la cabellera a The Boss Hair Club & Spa, la peluquería del Hotel W. Fue mi momento Fashion Emergency, ese en el que te llevan a un lugar al que jamás pensaste irías alguna vez, y te dejan como jamás pensaste podrías verte frente a un espejo.

Tenía un poco de susto, no quería decepcionar a nadie, eran como ser la Cenicienta por un día, con muchos ratoncitos cosiendo, peinando, esmaltando, maquillando, y un largo etcétera… y con toda esa ayuda de quienes amablemente se ofrecían para hacerme quedar radiante, no podía no hacerlo, debía sacar a la @CarmenTuitera que todas llevamos dentro y dedicarme a BRILLAR, para andar opaca, mal vestida y marimacha tengo el resto del año.

peloMe entregué entonces a la peluquera, una dulce y de pocas palabras Mariela, le expliqué más o menos lo que quería, y solo insistí en que quería parecer lo menos empaquetada posible, que fuera un moño, pero desordenado, que no quería traicionar mi esencia.

Mariela quizás quería otra cosa para mí, pero fue amable y empática; y entendió que estar en ese lugar ese día no era trivial, yo me jugaba mi propia consecuencia, quería verme bien, pero no quería traicionar mi discurso de simpleza y libertad por una foto guapa en las sociales. Hizo un moño desordenado hasta donde su concepto de desorden se lo permitió, remató el peinado diciendo: “hasta ahí no más de desordenado, tiene que durar muchas horas armado y quiero que dure, si se te cae después dirán que yo te dejé mal peinada” cuánta razón tenía Mariela, yo también quería cuidar su nombre, y la que sabe, sabe. Hice caso a Mariela, y quedó perfecto.

ojos1Luego me tomó Sofía, una chica evidentemente guapa, simple, que hablaba en tono de barrio cuico y que por supuesto, no tenía cresta idea quién era yo. Sugerí como si supiera, que destacara mis ojos, solo mis ojos, y que lo demás lo dejara tal como es, pero para versión HD, se rió conmigo y hasta me dio algunos consejos para mis desmaquillados días normales.

Sofía me hizo unos smokey eyes negros de la grn puta madre, mis ojos celestes se lucían a metros de distancia; que se luzcan dije, lo mejor de los ojos es que seguirán luciendo así hasta que muera, los ojos no envejecen, cuando cumpla 80 ubicaré a Sofía y le volveré a pedir que los destaque, si ustedes aun me leen, verán que no envejecieron, solo ganaron más postales en la retina.

Manicurada, peinada y maquillada me miré al espejo y no me reconocí. La piel de porcelana, el pelo perfecto… mi padre habría estado feliz de verme, fue él quien me regaló un alisador de pelo a los 25 y un set de maquillaje a los 27, creo que en algún momento cercano a mis 30 tiró la esponja con su único y mejor piropo: “Vos abusás, porque sabés que con lo que te pongás y sin hacerte nada te ves bien. Abusás”

Llegué a casa lista para lo que faltaba, sacarme la pinta de jippy de feria artesanal y transformarme en algo un poco más sofisticado; minutos después llegaba Paula a ayudarme a que todo funcionara, que no se me arrancara nada del escote, que las joyas combinaran, que los zapatos fueran los adecuados; en momentos como estos una debe dejarse asesorar, sobre todo si tiene un prontuario de malas decisiones estéticas.

Los accesorios eran tema, mi discurso otra vez… me decidí por platería de la India, traída directamente desde mi último viaje al subcontinente, artesanía hecha por manos oliva, nada de ostentación y una pizca de tono intercultural (una de las cosas que más me gusta en el mundo, nací para hacer campañas de Benetton).

Paula y sus ideas maravillosas de sabiduría ancestral, encontró que tenía as piernas muy blancas, no queríamos medias, me echó base y quedaron perfectas, nunca se me habría ocurrido. También pegó todo el contorno del tronco de mi vestido con una cinta doble fas especial para esto que hizo que no se me corriera nada, no se me saliera el rollito de la espalda y no fuera por ningún motivo a lanzarme un Marlenazo involuntario, no es mi idea de hacerse famosa.

Lista, combinada, bronceada de mentira y sobre unos tacones negros hermosos comprado directamente en Ali Express, entonces recibí en mi departamento a mi amiga Alejandra Valle, que estaba nominada como mejor opinóloga, y a Pilar Bezanilla, parte del equipo de Así Somos de La Red y que yo no conocía.

Alejandra se veía preciosa, sinceramente el mejor look que le he visto, jugado, atrevido, con estilo; su pelo y maquillajes sobrios y perfectos; aunque Primer Plano opinara lo contrario. Pilar es simplemente hermosa, pudo aparecer con un saco de papas de arpillera y verse bien, pero la muy maraca llegó con un vestido largo blanco y dorado maravilloso que la hacía parecer una diosa bajada del Olimpo, para haber aprovechado de casarse al toque!

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Estábamos listas, éramos tres mujeres bien mujeres listas para subir al auto y parecer todo eso que no somos. El único que logró captar ese momento con su cámara fue Crichard González, y menos mal que fue él, su fotografía subjetiva no se campara con ninguna otra.

 

Lee el desenlace de este periplo próximamente en Camino a la Red Carpet, bitácora de una chica cualquiera. Capítulo TRES.

Lee el capítulo anterior en Camino a la Red Carpet, bitácora de una chica cualquiera. Capítulo UNO

AGRADECIMIENTOS GIGANTES A:

Vicente Ferrer y The Boss Hair Club 
Peinado
Mariela Torres
+56 9 52397723
[email protected]

Make Up
Sofia Larrain
+56 9 93456219
[email protected]

Leslie Arredonde y La Esmaltería 
Manicure
Cynthia Hernández

Pedicure
Carolina Huapaya