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Catfish y la demonización de Internet para el amor

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Cuando MTV anunciaba que traería a la pantalla chica un programa donde desenmascararían a quienes tienen dobles vidas por internet, sabíamos que se venía un monstruo del morbo. Y por supuesto, yo lo quería ver.

Gente que llevaba meses, e incluso años con relaciones amorosas intensas y profundas gracias a las maravillas tecnológicas como Facebook, Twitter, Skype, celulares y chats.

¿A quién no le ha pasado que se enamora de lo que dice un avatar?

Es que a mi, me ha pasado. Y quiero que les pase a todos. Y con confianza.

La mijita rica tuitera @MJoseValenzuela escribió una columna donde expresa su repudio absoluto y los peligros que conllevan estas acciones por internet, pero como yo estoy tan en desacuerdo, le he prometido con todo cariño, una contracolumna para explicar mi descontento.

Weones chantas, hay en todas partes: no es necesario meterse a internet para encontrarse con pelotudos capaces de vender a su madre por meterse en tus pantalones. El problema es que, claro, las redes sociales les facilitan la pega.

Asesinos en serie también habitan los bares: cuántas veces al conocer a un tipo en un bar te has preguntado si es un asesino en serie? O si al regresar a casa mañana ¿no te estará esperando entre los arbustos con una motosierra en la mano para cortarte la cabeza? Es probable, que nunca. Pero ¿cuántas veces te lo has preguntado con alguien que conoces solo por internet? Probablemente, al menos una.

Es que los medios y la gente poco seria, se han encargado de demonizar las relaciones surgidas por contactos en internet, y sale en las noticias con titulares rojos y neones, cada vez que un tipo secuestra una mina, la mata, la viola y la conoció por internet; pero resulta que eso pasa todos los días entre gente que se conoció de otras formas, que pololearon años y que hasta se casaron; pero si lo conociste fuera de internet, no deberías entonces temer.

¿Es posible enamorarse de lo que otro escribe? Yo quisiera ser bien rotunda y que mi “SI” se escuche hasta Tailandia, porque creo que reconocer el amor en las palabras de otro nos libera de mil obstáculos y pretensiones a las que nos ata el conocernos en persona. Dejamos el aspecto físico en el baúl de lo secundario, y construimos una relación en base a las ideas. Muy racional dirán algunos; en mi experiencia, diría yo, que estas son las relaciones que logran sobrepasar el tiempo, el espacio y la geografía. Y para entablar relaciones duraderas, ¿no es acaso eso lo que necesitamos sortear? ¿Es lo único que importa? Rotundamente NO, pero todo lo demás se ve reforzado en su resistencia, por el amor desde las ideas. Me fui en volá.

¿Es sano enamorarse sin estar juntos? Por la chita, ¿quién xuxa soy yo para decirles qué es sano en materias del corazón? Si algo te hace feliz, te llena de felicidad, te acompaña cuando lo necesitas, te presta un hombro cuando es imprescindible y cumple con estar cuando te hace falta que esté y te permite entregar el cariño que tienes para entregar; mis polainas, cada quién verá lo que le sirve. El que quiera amar a distancia, el que quiera ahogarse entre los brazos de su pareja, el que necesite espacio, el que quiera grilletes; cada quien sabe lo que busca y mejor aun, sabe lo que quiere entregar.

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¿Es necesario ser muy perdedor para enamorarse por internet? Por dios que no. No podemos esperar que todo el mundo tenga las mismas facilidades interpersonales que tiene una, no podemos exigirles a todos que se sientan cómodos con las mismas cosas ni poner nuestras propias reglas para relaciones que son de otros. No cuestionemos las formas ni los fondos de otros si no queremos ver cuestionados los nuestros.

Me conoce mejor que quienes me rodean: y esto por la xuxa que es cierto, cuando alguien especial te acompaña durante todo el día, lo tienes en face, en twitter, en whatsapp; sabe mejor que tu familia o tus amigos cómo estás, qué es lo que te pasa, sabe cuando tirarte un salvavidas, cuando regalarte el emoticón perfecto, cuando aplaudir y cuando callar. Es bien difícil competir con la relación que se establece en esos casos. Los que lo hemos experimentado, sabemos que se transforma en un espacio de comodidad, en un respaldo apreciado y preciado.

La privacidad la estableces tú: el delgado margen entre la vida pública y la privada lo establece cada usuario. Cada plataforma da la opción de compartir de forma selectiva, no hay nada que compartas que no sea deliberado, por lo tanto, yo dejaría la actitud condescendiente y paternalista; y dejaría que las personas fueran libres de hacer lo que quieran con la información publica o privada que comparten. Somos gente grande.

¿Y cuándo no es gente grande? Cuando se trata de niños, se trata de enseñarles para la internet, las mismas premisas que les enseñas para la vida real; si no te vas con un extraño en el parque, por qué habrías de hablar con extraños en el chat?

En conclusión, solo diré que la columna de mi estimada Valenzuela, solo me parece un discurso de mamá asustada, de niña bien de colegio de monjas haciendo su tarea; y preferiría que hablara desde la mujer hecha y derecha que es, y que apuesto alguna vez tuvo algún intenso romance por internet. La invito a recordar qué fue lo que le gustó. El que no sabe, no comenta. Y usted, ha comentado con propiedad, mi guapa María José.