cine

Chaqueteo chilensis en 35 mm.

olguin

Hace un tiempo decidí que vería todas las pelis chilenas disponibles en la sección on demand de mi operador de cable, todas. Las de buena crítica y mala crítica, las con actores que me gustan y las con actores que ya me producen náuseas, las que sé que existen y las que me sorprenden en el listado. Todas. Porque de cine chileno se habla mucho y se conoce poco. Ya lo sabe René Naranjo que no soy crítica de cine, y mucho menos sé de técnica cinematográfica, lo hemos conversado largo y tendido en mi balcón, bien sabe que para mí el cine se divide en 2: me gusta la weá, o no me gusta. Y creo que para el espectador en general, esa categorización funciona.

Lo que no me funciona, es el chaqueteo al director desde la vereda de la estupidez masiva, una cosa es que no te guste su obra, y otra muy distinta que no seas capaz de reconocer su valor dentro de la industria. Bueno, de la que queremos llamar industria del cine en Chile.

Hoy, mientras le daba play a Caleuche, de Jorge Olguín, recordé que hace una semana, mientras esperaba pagar en un OK Market cerca de mi casa, él entró, y al parecer nadie lo reconoció. No esperaba que la gente fuera a pedirle autógrafos, pero cuando alguien conocido entra a un lugar público, se nota. Algo pasa en el aire, se siente, que aunque nadie lo aborde, sabemos que está y que todos saben que está. Pero eso no pasó. Sentí que era la única que sabía quien era el excéntrico de pelos en el ojo y cadenas. Y la verdad, me dio lata. Más allá de si nos gustan o no sus pelis, es uno de los cineastas más prolíferos del país, deberíamos saber quién es.

Lo encontré tan penoso, que lo tuitié, y recibí respuestas tan imbéciles como estas:

olguin2 olguin1

olguin3

Entonces me pregunté, ¿qué habría pasado si entraba la Dra. Cordero al minimarket? No quiero pensar en las respuestas.

Yo creo en el reconocimiento a aquellos que empujan una industria, que se tiran a la piscina, más allá de que nos gusten ellos o sus pelis. Por ejemplo, Nicolás López, es sabido que me cae como el hoyo por pedante y que sus pelis no son joyas de la cinematografía moderna, pero hay que reconocerle que ha sido uno de los más fructíferos desarrolladores de cine teenager en Chile, uno de los primeros en lograr que las marcas quisieran poner publicidad en sus pelis, uno de los pocos que ha logrado hacer una saga y no morir en el intento o meter actores mainstream de Hollywood en sus productos. Y le achacan quién es su padre, de dónde vienen las lucas, que hace puras huevadas; yo le celebro que haga las huevadas que quiere hacer. Esa weá, la logran pocos.

Y Olguín, que hace pelis de terror como el culo, pero es el único que se lanzó a hacer terror y dejar el cine de denuncia política como la única razón de ser del cine chileno. Y el Rumpy o Quercia, otros grandes valores, que se aventuraron en hacernos reír, y con lo malos que somos pa reírnos en Chile.

Supongo que no todo el cine chileno puede estar en manos de próceres galardonados en el extranjero como Wood, Lelio, Littín o Caiozzi, supongo que es de pueblos educados dejar que más miradas hablen de nuestras historias, o nos inventen historias poco trascendentes para pasar el rato. Claro, es de pueblos educados saber quiénes son los que hacen que las cosas pasen en su país, y claro, el nuestro está lejos de ser un pueblo educado, y el chaqueteo chilensis está a la orden del día. Nos gusten o no, deberíamos saber quiénes son.