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[cine] Soy mucho mejor que voh

Cuando hace un tiempo me enteré que existía una película llamada “Te creís la más linda, pero eris la más puta” supe que ese director tenía algo, pero como buena chilena pajera, me dieron ganas de ver la peli y finalmente nunca la vi.

Hace unos día me llega un DM de un weón que sigo en tuiter por simpático, y era para enviarme una invitación al estreno de su nueva película: “Soy mucho mejor que voh”, volví a entrar a su perfil y entonces supe que era el mismo que había dirigido la otra peli y me dije: “no podís ser tan pajera, un weón que les pone esos títulos-de-mierda-la-zorra a sus pelis, merece al menos, dos horas de tu vida”. “Voy” le respondí.

Sin más afán que el morbo de cachar qué cresta podía verse tras ese titulo, y la maravilla que significa que te inviten al cine con palomitas y bebidas gratis, me fui pal cine y hasta invité a un amigo, de barba por supuesto.

Mientras esperaba que el barbón llegara en el hall del cine se paseaba un weón que no parecía de este Chile feo y gris, no caminaba mirando el piso ni se vestía como todos. Una frondosa melena castaña clara y ondulada, como un Jesuscristo Superstar que ya había perdido la virginidad, y con una barba en tonos miel que me cagó de onda. El weón se paseaba por el cine con propiedad, saludaba, con aires de anfitrión nervioso, ese weón que era como Thor de bajo presupuesto era Che Sandoval, el puto director, del que me enamoraría más tarde, al ver la película.

Y por qué habría yo de enamorarme del director y no de Sebastian Brahm, cineasta e intérprete del “Naza”, personaje protagónico de la película que en el estreno se veía entero de mijito rico? (no se confunda, en la peli el weón es mediocre visualmente, pero en la vida real está entero mino). La respuesta es fácil: porque el Thor de cuneta me cagó la cabeza. Fue el weón capaz de retratar al típico pastel de mierda chilensis, esa maqueta de hombre mediocre y simplón que camina por nuestras calles mirando minas con deseo y creyéndose el tarro con más duraznos, pero que en realidad no tiene nada más que ofrecer que su adicción a la coca, un negocio culiao que nunca será  buen negocio y una familia que formó a punta de “deber ser” pero con la que nunca se logró involucrar.

Che Sandoval dio en el clavo de tantas cosas, que me cuesta pensar por dónde partir. No sé si partir por la amargura de ese personaje de mierda incapaz de emocionarse con nada y que sólo encuentra placer en perderse entre las tetas de una puta o una desconocida o una pelolais alternativa de Onaciú. Un weón al que todas  las micros le sirven, pero finalmente es  tan rata y tan cobarde que de todas maneras no toma ninguna.  Un weón que no logra empatizar con nadie, no siquiera con sus hijos, que le han perdido todo respeto y hasta el cariño, me atrevería a decir.

O concentrarme en el personaje del mejor amigo, ese que le presta plata aunque sepa que se la va a chupar, ese weón que te motiva a jugar a la pelota un domingo en la mañana  y que sin pensarlo, pateamos en el suelo en su cara por perdedor, cuando finalmente el perdedor no es otro si no uno.

O cconcentrarme en los  diálogos, hay diálogos tan notables y tan pedestres, hay diálogos que me hicieron reventar de risa, de esa risa de cuando te mofas de tus propias miserias, de tus propias mierdas, de tus propias enormes imperfecciones. Esta peli hace reír porque nos muestra lo hueones de mierda que somos muchas veces, y no lo podemos evitar.

O en el hijo del Naza, un pendejo de perfectos 13 años y que grafica cómo a esa edad los hijos ya tienen claro cuando sus padres han sido unos imbéciles e inútiles en la labor, y son capaces de restregártelo a la cara sin pudores ni concesiones, porque la preadolescencia les da todo ese ímpetu que el Naza por sacoeweas, ya perdió.

Sacoeweas, esa es la definición perfecta para el personaje principal, junto a esa  palabra en Wikipedia debería aparecer la foto del Naza, porque con este personaje, Che Sandoval redefine el concepto de “sacoeweas” y lo hace de forma magistral.

Según el barbón que me acompañó a ver la película, la cámara se iba de foco de vez en cuando, según yo, esa weá daba lo mismo si podíamos ver al Naza diciendo “cállate negra culiá fea” mientras trataba de que una prostituta caribeña se lo mamara.

Si lo que quiere es existencialismo alemán y una llave para develar el futuro de la sociedad chilena, quédese en su casa; si lo que prefiere es un salpicón de realidad que le ayude a decir: “te lo dije”, levante la raja y vaya al cine.

Gracias Che Sandoval. En serio gracias.