Periodismo y Ciudadanía, TV

De Las Argandoñas y otros demonios

Se supo que a Raquel y compañía les pagaban una cifra superior a los 100 millones por su reality en TVN y con ello soltaron al Kraken tuitero.  Se desató la furia pseudointelectual y se llenó de detractores. Si hasta hay quienes llaman a funar el programa para manifestar su disgusto por la suma invertida por el canal de todos los chilenos en un programa que, antes de ser emitido, ya es considerado TV basura.

Mi reflexión va un poco más allá, y más que criticar un programa en particular, supongo que la gravedad del asunto radica en el fondo, y tiene que ver con que TVN no es una compañía sin fines de lucro, si no una empresa estatal que además tiene bastante de autosustentable, y un directorio que vela no solo por su estabilidad económica, si no por su rentabilidad.

Me atrevo a decir que Las Argandoñas tiene todo lo necesario para ser una gran apuesta de rating, y atraer un montón de millones en publicidad; el tema es, pese a estos innegables, ¿será necesario que ese programa sea realizado por TVN? La respuesta es si, porque para competir en igualdad de condiciones con los otros canales, es necesario ponerse a la altura (o bajura) en la programaciones, los protagonistas y las inversiones.

Ahora, ¿nos gusta que esto sea así? Claramente no, y preferiríamos que la TV pública orientara sus contenidos a temáticas con un foco más cultural, educativo y social; pero para ello, debería estar asumido que no sea un gran negocio; de lo contrario pregunten a Frutos del País, Recomiendo Chile, Al Sur del Mundo o el mismo canal ARTV, por qué están en los horarios que están y por qué les va como les va, pese a tener contenidos notables.

El juicio valórico al televidente

En otro plano, supongo que lo que más me ha molestado de la discusión, es que no se ha centrado en el fondo del problema, si no que ha cargado los dardos en hacer juicios valóricos de los televidentes que efectivamente verán Las Argandoñas.

Para el pseudointelectual alegón, quienes vean este pedazo de insulto a la neurona, serán incultos y bárbaros, gente poco evolucionada y unos mandriles de poto colorado que festinan con el morbo de la privacidad ajena convertida en show; pero déjenme decirles señores doctos y letrados, que se están refiriendo a la gran mayoría de los chilenos, que son los que han resultado ser inequívocos fans del formato reality que encontró en nuestro país un nicho cautivo. Si, los mismos que votaron por Piñera para que fuera nuestro presidente, no nos extrañemos entonces.

Y entonces los insultos se dirigen al televidente, y lo menosprecian e insultan; y yo me pregunto: ¿nos hemos cuestionado cuál es el fondo del problema? Digo, aparte del clásico y ya parte de la idiosincrasia chilena, doble estándar; de gente que juega a leer libros, a saber de política, a entender de cine extranjero, pero que a fin de cuentas, cuando está solo en casa el viernes por la noche y nadie lo ve, prende Primer Plano y se masturba con las paradas de carros de la García Huidobro; y llega temprano a la oficina y abre LUN antes de que llegue el resto de sus compañeros.

Yo me pregunto, ¿por qué decirle al resto lo que debe hacer o la tele que debe ver, y mejor no concentrar sus esfuerzos en preguntarnos qué es lo que hace que nuestra gente premie con el rating esos programas que a usted le parecen nefastos? A mí me parece que la respuesta está en la calle, y no tiene mucho que ver con la tele en primera instancia: Educación.

Yo veré Los 80, haré zapping en Las Argandoñas y volveré a escribir si es necesario. Si eso me hace un mandril poco evolucionado, parto a comprar plátanos ahora, pa no pasar hambre.