Sexo

El gran mito del gran pico

blog-pene

Mil y un cuentos se cuentan sobre el gran mito de que el tamaño importa, que la gran gracia de los negros es que tienen el tremendo paquete, que las mujeres en lo primero que nos fijamos es si logramos apreciar la mansa corneta debajo del pantalón, y la verdad es que, salvo honrosas excepciones, la weá no es ná tan así.

¿El tamaño importa? Claro que sí, pero importa en un rango definido, siempre y cuando se encuentre dentro de los márgenes aceptados entre “no muy chico ni muy grande”, porque la verdad es que nadie quiere necesitar una lupa pa afilar, ni quiere sentirse con el síndrome del anticucho. Entonces mientras te encuentres dentro de ese margen, los centímetros de diferencia la verdad, es que importan un pico. ¿Qué ironía no?

El problema del muy chico es más que nada psicológico, ves un meñique en vez de un pene jugoso, te imaginabas encontrarte con un stick fix de 80 gramos y te encontraste con el de 20. Entonces la mitología urbana te caga la cabeza y te hace pensar inmediatamente que el iñi piñi no será capaz de darte placer, pero la verdad es que el placer se encuentra en distintos lugares para las mujeres –menos mal- , los orgasmos producidos gracias a la estimulación del clítoris no necesitan de una gran corneta, prueba de que dios es hombre y tiene la pichula pequeña; o de que las lesbianas fueron concebidas desde el inicio de los tiempos.

El problema del muy grande es más que nada físico, porque la verdad es que cuando se baja los pantalones y ves ese tronco enorme, lleno de venas hinchadas, más grande que tu capacidad de cerrar la mano, te gusta. Te gusta la idea de un miembro fornido, musculoso, enhiesto y enorme, esa idea le gusta a tu cerebro, a tu fantasía porno erótica, a tu consciente visual; pero la verdad es que a tu entrepierna no le gusta tanto, porque esa weá tan enorme hace daño. Si es muy largo puede causar molestias de choque, si es muy ancho puede romper tus bordes causando “esas otra boqueras”, o simplemente no tener acceso, y eso por la xuxa que es frustrante para tantas mujeres. Claro, si el problema es que es demasiado chico y queda bailando… la depresión puede ser peor, porque siempre más vale que sobre a que falte.

Y es que el ciudadano del pico muy grande sufre en silencio, sabe que al quitarse sus Mota concho de vino la lola abrirá los ojos como los de los monitos japoneses, que se le cortará la respiración de la impresión, el problema es que a la hora de los kiubos, ese dinosaurio nos hará brotar una lágrima, y en ocasiones ese placer psicológico se transformará en dolor físico. Porque a los weones les encanta pensar que te dejarán con necesidad de usar muletas, que vas a tener que buscarte una silla de ruedas para salir de su casa, que vas a necesitar aprender a caminar de nuevo; pero la verdad es que los únicos que finalmente pierden son ellos, porque todo eso dificulta la posibilidad de tirar dos días seguidos, necesitas tomarte licencia médica después de afilarte a ese weón, y muchas veces, una prefiere un caballero menos fenomenal pero que te sirva de forma permanente y sostenida, y que no requiera de rehabiltación post polvo.