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El pololeo puertas afuera, es para pendejos

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Una ilustración original de Fiorinna Díaz. Un orgullo que me haga monos pal blog 🙂

Soy talibana y usted lo sabe. Parto por aquí, porque entiendo que lo que declararé a continuación no es apto para cualquiera, soy la faraona del todo o nada y en esa línea se viene el siguiente post, porque para mi, el pololeo puertas afuera, es para pendejos.

Ya estoy grande, la semana pasada cumplí 34 y digamos que ya no me cuezo al primer hervor.

Creo profundamente en el amor y en la vida en pareja, creo que es importante y que juega un rol primordial en la vida de los seres humanos, pero por eso mismo es que soy de las que les cuesta encontrar pololo, me demoro, vitrineo mucho, testeo, hago castings sin asco y de vez en cuando, me enamoro.

Y mientras una anda vitrineando, yo lo considero “nada”, porque no te involucras, no te comprometes, no asumes tu tiempo libre con otro en particular; pero una vez que te decides y deliberadamente firmas ese contrato emocional de exclusividad y pertenencia, entonces, ahí estás frente al “todo”.

Y ese “todo”, para mi no involucra nada menos que la vida. Y si digo que soy talibana, es porque una vez que decido amar, me los quiero llevar para la casa altiro, esa weá de pololear puertas afuera me huele a colegiales que se suben a la micro de la mano, pero a mi edad, ya no tengo tiempo que perder, y eso de tener que planificar verse día a día, es agotador. Y tener que ir uno a la casa del otro, y después levantarse y tener que volver a dormir a tu casa, cuando en cambio, podrías pasar la noche cucharita; para mi es una soberana pérdida de tiempo y energía.

Y lo he demostrado; en mi tierna adultez joven, ya tengo a mi haber dos concubinatos; y cuando mi madre se enteró de que felizmente tengo pololo, lo primero que me dijo fue: “pero no te lo vay a llevar pa la casa poh”. Mi madre me conoce. Y sabe que soy de las que prefiere vivir de amancebada.

Es que por la chita, a mi la weaita del pololeo y las flores y las primeras citas, me valen madres, para mi lo que importa es la imperfección de la cotidianeidad, ver las noticias por la noche con las piernas entrelazadas bajo el cubrecama, el domingo en pijama y comiendo en la cama, llegar de la pega hecha mierda de cansada y que el otro esté en casa; y si no está, saber que llega a dormir y que aunque no lo veas ese día, sabes que mas temprano que tarde, llega y te pone las patas heladas encima. Eso si poh. Para que me dejen en casa con un beso en la frente, ya tuve 15 años hace rato. Yo prefiero tener a alguien a quién llamar por teléfono y decir: porfi, caliéntame la cama!

Y aunque usted no lo crea, tengo una amiga que es peor; ella cuando se enamora, se casa. Así, cara de raja. Es mi ídola, es menor que yo, y ya lleva un concubino y dos maridos. Esa mujer si que cree en el matrimonio y no se cansa de creer en él. No claudica, y yo le digo que hay que casarse todas las veces que sea necesario.

Claro, supongo que antes de una llevárselo pa la casa, deberíamos dejar pasar un tiempo mínimo para comprobar que el galán no sea un psicópata que te espere con la moto sierra debajo de la almohada, ¿pero cuánto tiempo es eso? Va a saber una…  que pase el que sigue.