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El síndrome del hombre Into the Wild

Hoy, después de mucho tiempo, volví a ver Into the Wild, la película dirigida por Sean Penn que le voló el cerebro a una clase muy particular de hombres, ellos, una especie de Thelma & Louise masculina, una figura icónica de lo que quisieran ser, pero les faltan bolas para serlo.

La película es una obra de arte musicalizada por Eddie Vedder; un joven decide zafarse del mundo, huir del mercantilismo, de la hipocresía, de las apariencias y de lo que se espera de él, toma su mochila, abandona a su familia sin decirles nada y camina hacia Alaska. Sólo por el placer de batírselas solo, de ganarle a sus debilidades, de sobrevivir sin la ayuda de nadie y de vivir la libertad desde su más profunda esencia. En el camino a Alaska conoció gente que le impactó en su vida, otras que no, sufrió, pasó hambre, no se bañó en mucho tiempo y murió solo, envenenado en una micro celeste abandonada en el medio de la nada y de nadie. La hizo, y fue eternamente feliz.

Entonces veo la película y recuerdo a esos hombres que han pasado por mi vida (al menos recuerdo 3) creyéndose un poco Alexander Supertramp, el nombre que el protagonista se inventó para su vida en solitario; y pienso que quienes lo admiran y dicen que ese hombre es un ejemplo de vida, no son más que los especímenes más engreídos de la tierra, que pretenden no necesitar a nadie a su lado para ser felices, y que están seguros de que solo necesitan ganarse a sí mismos para lograr la plenitud. No han sido más que personalidades ególatras disfrazadas de huraños, y por qué no decirlo, también creyendo que son un poco superiores al resto, porque sí, ellos si serían capaces de vivir sin nosotros, sin tele, sin internet, sin microondas y sin pagar cuentas. Y si lo hicieran, pues yo les sacaría el sombrero y los admiraría tanto como ellos a Supertramp; pero el gran problema es que ninguno de ellos lo hizo, todos quisieran hacerlo, pero ninguno ha tenido los huevos suficientes para hacerlo.

Entonces, creo yo, se les cae el discurso, nada es tan fácil ni somos todos tan prescindibles; y claro que es fácil decretar si no es necesario ejecutar. Yo quisiera ser tan generosa como la Madre Teresa, pero weón, conozco mis debilidades y sé que jamás lo seré; pero jamás diré que quienes no lo sean están atrapados en la miseria de las cosas.

El macho con el síndrome Into the Wild sueña con ser libre, pero le faltan huevos para serlo, y eso lo frustra, lo minimiza, y por lo tanto también lo hace agresivo al mundo. Cuando se da cuenta que la vida a solas no es la Panacea universal y que es posible que sí quiera a gente a su lado, es cuando su paradigma de libertad absoluta se derrumba y derrumba con él su ideal de universo de lobo estepario, y con ello entonces, boicotea sus relaciones personales, porque sabiendo que no las quiere, siente que las necesita, y aún no cría los testículos necesarios para convertirse en Alexander Supertramp, y mata sus vínculos, y dice que no está para eso, pero sigue en este mundo corriente y ordinario de trabajo normal, en una casa normal y con gente alrededor que se cree normal.

Y finalmente lo que más le duele es que jamás ha logrado responderse a la pregunta ¿y por qué no?