Relaciones, Sexo

El Síndrome del “sácamelo más pa adentro”

sacalomaspadentro

Hombres sorprendidos con la reacción de las mujeres frente a Romeo Santos, el príncipe de la bachata en Viña 2013. Me sorprendieron, pero creo que es porque no cachan, que lo que nos pasa con Romeo no tiene que ver con que sea mino, ni musculoso, ni moreno con el mito colgando; si no que tiene que ver con lo que yo he denominado: el síndrome del sácamelo más pa adentro.

Este síndrome se presenta tanto en hombres como en mujeres; mis queridos varones, pueden hacerse una idea si piensan en lo que les pasa cuando ven una toplera fea, pero con cara de caliente. Es que pocas cosas encienden más las pasiones que saber que el contendor te tiene ganas, nada más cachondero que la ilusión de que te quieren comer hasta los huesos. Y eso hacen las topleras, más allá de verse ricas, bailar bien, ser ridículamente hiperlaxas y ser capaces de bombardearte con pelotas de pin pon; la toplera que más plata gana es la que logra hacerle creer a cada iluso, que de verdad la calienta, que de verdad se lo quiere tirar, que la plata no importa, que ella le tiene ganas en serio. Esa, es la que se llena los bolsillos.

Con Romeo, pasa algo similar, tiene esa sagrada habilidad de mostrarse lascivo/romántico, de tirarse un chicoteo pélvico infartante, lentito, y después decir que quiere llorar de pena porque esa mami rica lo dejó, y entonces cada muchacha y no tan muchacha, en su inagotable pensamiento mágico femenino incomprensible, piensa pa callao: “es chulo, pero por la chucha que lo debe poner rico”.

Y se preocupa de moverse pausadamente, este weón no hace niún puto movimiento brusco de esos que suelen hacer los vedettos hiperventilados de despedida de soltera barata, que no calientan a nadie y se tienen que hacer el pihuelo pa que se les pare. En cambio Romeo, pese a ser flayte, machista, cuma y baboso; Romeo se está tirando a cada mujer de la quinta despacito, y te apuesto que pasa el concierto completo con una erección eterna.

Por eso no le extrañe el turismo sexual que suelen hacer los adolescentuchos pijes con las hormonas en ácido, que se van a recorrer discotecas de barrios populares donde son grito y plata, nada los calienta más, que saber que las chulas se pelean por afilárselos y hacen fila en la guardarropía esperando su corrida de mano. Si el clasismo en Chile no se limita a los puestos de trabajo, también se aplica en las fantasías de sábanas, cambiarnos de bando nos hace sentir rebeldes. Por eso siempre he querido tirarme a un UDI, ojalá Opus Dei, desordenarle el pelo y sacarle las colleras con los dientes; y todo esto, en contra de su voluntad. Ajajajajajaa.

El síndrome del sácamelo más pa adentro es esa sensación de que no debes culiártelo, pero te lo quieres comer igual. Es el tira y afloja mental, ese “quiero que me pongas solo la mitad, pero la mitad de atrás”.