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Escalando las rocas a poto pelao

Erase una vez un grupo de cuatro amigas que decidió ir a pasar la Semana Santa a Viña… lo que no sabían era que estando allá, a una de ellas se le ocurriría la brillante idea de decir: “¿Y por qué no vamos a la Playa Luna?” no sería nada, lo bueno fue que las otras tres abrieron sus grandes y brillantes ojos y dijeron “Vamos!!!”.

En tres tiempos armamos bolsos, toallas, nos pusimos traje de baño y partimos; preguntamos en el hotel cómo llegar, salimos cascando con la ilusión de ir a bañarnos en pelota un sábado santo y muertas de risa; preguntamos a los lugareños del camino por donde meternos, estacionamos el auto en una especie de mirador lejano a la playa y caminamos con un poco de nervio hasta la guarida nudista de Chile.

Cual sería nuestra sorpresa mientras caminábamos por la arena, poco a poco comenzó a aparecer gente pilucha caminando, y no es que yo sea cartucha, pero una cosa es hacer topless en Miami lleno de minas exquisitas de pechugas siliconadas y bronceados perfectos, y otra es ver gente común y corriente, con cosas que cuelgan, con cinturas que no existen, con guatas soberbias y pasándolo chancho con las presas al aire.

Debo reconocer, que pese a mi conocida personalidad extrovertida, lo de mostrar el cuerpo nunca ha sido lo mío; siempre fui de patas cortas, con las pechugas y el poto más grande de lo necesario, nunca de escotes profundos ni pantalones muy ajustados; en el camarín de damas me pongo la ropa interior sin sacarme la toalla y en la ducha del gimnasio, que no tienen puertas, me baño con el bikini puesto; entonces cómo explicarles lo que significaba llegar a la Playa Luna y saber que debía sacármelo todo y con la carita llena de risa.

Al llegar estas cuatro mujeres a la playa, se nos acercó un hombre de cerca de 50 años, te podrás imaginar lo que es ser recibida por un cuerpo cincuentón, de canas en el pubis que te da la bienvenida y te comenta las regalas de la playa: “hola chiquillas, bienvenidas! Es primera vez que vienen cierto? Bueno, aquí las reglas son bien simples; no puede haber nadie con ropa, ni se puede sacar fotos a otras personas; pero entre ustedes no hay problema, y si quieren yo les saco las fotos que quieran”.

O sea!!!! El viejo de miembro laxo y canas en todo el cuerpo, se ofrecía voluntariamente a sacarnos fotos!!! Jajajajaj  sabíamos que esta sería una experiencia casi religisa…

Pero venía el momento de la verdad, había que sacarse la ropa o ser expulsadas… se sacó la ropa la Caro, la Papa y la Ali… sólo faltaba yo… me saqué el sostén sin problema alguno, mis pechugas, aunque grandes, siempre dignas mirando al cielo; pero algo me restringía con el desprendimiento del calzoncito, por la cresta que me costó, me acosté de guata en mi toalla y me saqué la parte de abajo del bikini, pasé al menos 20 minutos con el trasero al aire sin la capacidad de darme vuelta, es que eso de andar con mi sapito al aire era otra cosa… mi vello púbico siempre había sido mío y sólo compartido con algunos elegidos… pero después de un rato y de ver a muchos otros y otras con humanidades tanto o más deformes que la mía, me puse de pie y me encaminé al mar.

Figurábamos las cuatro exploradoras caminando hacia el agua, mirándonos con sorpresa y mucho nervio… y entonces ocurrió la revelación, en un abrir y cerrar de ojos se nos quitó todo el pudor que hasta ese momento se apoderaba de nosotras; y cuan Palomitas Blancas corríamos por la arena y chapoteábamos en el agua, conversábamos con los otros piluchos del barrio y respondíamos a los saludos de la demás gente que entendió claramente que era nuestra primera vez… y como era de esperarse, nos fuimos al chancho con prontitud; después de un rato nos agarró la adrenalina de andar en cueros y ya no sólo no teníamos vergüenza, sino que agarramos las cámaras de fotos y comenzamos la expedición wild on!

Y por supuesto se nos acercaron un montón de “fotógrafos” que ofrecieron sus servicios, y ahí estábamos las cuatro weonas en pelotas posando en el mar, las rocas, la arena y las algas ante fotógrafos de mentira que con nuestras cámaras captaron probablemente uno de los mejores días de nuestras vidas; escalando las rocas a poto pelao, ni un respeto hacia el planeta Tierra ni los vecino playeros que miraban con gran entusiasmo nuestra improvisada sesión de fotos amateur!

Y es que cuando lo pensamos ahora, nos cuesta creerlo, vemos las fotos y la risa nos inunda, porque no puedes llegar muerta de plancha y en una hora andar escalando rocas a poto pelao y sacándote fotos en pelotas con desconocidos; pero saben? La verdad es que fue una experiencia reveladora, de gente común y corriente, en un lugar lleno de buena onda; les juro que no vimos ni una sola erección y que pese a lo difícil que era conversar con los tipos sin mirarles la corneta, fue muy intenso y liberador; un montón de niños jugando, sus padres preparando el pic nic y un par de ancianos viviendo la vida loca; una experiencia profunda y tremendamente entretenida; donde el cuerpo pasa a ser mucho más que el envase, y donde a nadie le importa si viene un poquito desarmado.

Qué esperas que nos vas a empelotarte a la Playa Luna? Yo prometí volver con mi hija, ella me lo cobra bastante seguido 🙂