Filosofía de Cuneta, Mi experiencia, sociedad

Feminista de Cartón

Estamos presionadas, exigidas, apretadas por la tendencia e inhabilitadas para ser en la plenitud de nuestra espontaneidad porque hay siempre alguien mirando y con ganas de juzgar lo que hacemos y por supuesto, lo que dejamos de hacer.

En una sociedad donde cada acto específico y pequeño define la totalidad de tus principios, lo quieras o no; yo me atrevo hoy a pedir una tregua, a pensar que es super posible que cada cosa que hacemos no nos defina a perpetuidad, que cada cosa que decimos no nos persiga para siempre; que se entiendan los contextos y que seamos capaces de creer en que las personas podemos equivocarnos, cambiar de opinión o, simplemente, movernos en el zigzag que nos da la vida real; no la que nos inventamos y nos inventan en redes sociales.

Pensar por ejemplo que esas mujeres que han dedicado horas a aportillar la carrera, la vida, las iniciativas de otras, hoy tengan la oportunidad de mirarnos a los ojos y decirse a si mismas “la cagué” y no volver a hacerlo y que honestamente atinen; que aquellas mujeres que han dedicado horas, tiempo, energía y banda ancha en juzgar a otras por no ser lo suficientemente feministas; tengan la oportunidad de creer en las mujeres como colectivo poderoso y fraterno, y que sean capaces de bajarse del pony, tirarse de hocico abajo del altar de la pseudo intelectualidad y puedan mirar a otras con la simpleza que te da el saber que lo único que necesitas para ser feminista es entender y luchar por iguales derechos y oportunidades para las mujeres; y que cualquier menosprecio a otra por no haber leído esos autores que te parecen imprescindibles; no es más que tu arrogancia y la necesidad profunda y no discreta de ser siempre superior, incluso en esa causa donde reclamas igualdad.

Una oportunidad preciosa para que quienes se burlan de lo que otras mujeres pretenden ayudando a “brillar” o sus compañeras, hoy entiendan que nunca será negativo que una mujer apoye a otra, ni siquiera cuando lo hace desde lo que te resulta obvio, desde el lugar común, desde la autoayuda que puede parecerte más básica; pregúntate qué estás haciendo tú por una sociedad mejor, si la estas bullyeando, básicamente no haces algo mejor que ella.

Una tregua para que demos espacio a hombres y mujeres para adaptarse a estas nuevas reglas, a estos nuevos procederes, a estas nuevas interacciones sin cagarla; que nos demos espacio para acomodarnos, para desaprender, para quebrar los paradigmas con los que vivieron muchas generaciones anteriores a nosotros, porque el camino al verdadero espacio de igualdad estará pavimentado de buenas intenciones, y la cagaremos en el camino y debemos ser generosas en no lapidar a quien se pega un patinazo. Dejemos de necesitar a la feminista perfecta, guerrera y lamentablemente muchas veces abyecta, creamos en esas feministas un poco a medias, un poco a tientas, un poco torpes que comienzan el camino y que no siempre dirán la arenga que esperabas; pero que al igual que muchas otras, busca un mismo final feliz.

La competencia por quién es la feminista más feminista, a veces trunca un camino colectivo que se opaca cuando las intenciones personales de adjudicarse los liderazgos de opinión, acción o moral van empañando lo prístino de una comunidad que se empieza a abrir.

Bienvenidas las que tropiezan en la carrera, prefiero mil veces que tengamos una “feminista de cartón” a una mujer que no quiera declararse abiertamente feminista; la de cartón al menos está tratando.