Periodismo y Ciudadanía

Fleto… y a mucha honra

Después de más de 100 años, los franceses residentes en París, elegieron en 2001 a un alcalde socialista.  Bertrand Delanoë ganó en segunda vuelta y también de “vuelta y vuelta”, porque fue el primer político que ostentaba dicho cargo reconociéndose homosexual.

Sí, tal como suena, Delanoë muerde la almohada, le respiran en la nuca, es colipato. Fleto a mucha honra… y así podríamos seguir diciendo barbaridades homofóbicas el día entero, pero aunque le pese a la moral y las buenas costumbres de muchos, París creció, se puso los pantalones largos y aceptó la diversidad en la política más allá de la derecha y la izquierda.

El triunfo de Bertrand, más allá de haber sido una señal de la decadencia europea -como se ha señalado- es un signo de “apertura craneana” que ya se venía venir en la ciudad luz.

La pasada celebración del Orgullo Gay en París fue compartida por más de 200 mil peronajes que reclamaban el reconocimiento de las parejas homosexuales ante la administración pública; y fueron acompañados por la Ministra de Medio Ambiente, el Vicepresidente de la Asamblea Nacional gala y el ex Ministro de Cultura, Jack Lang.

Este tipo de apoyo público a las minorías sexuales es un ejemplo para el mundo entero, ya que lo importante no es la presencia de Bertrand Delanoë en la cabeza de la capital francesa hace más de una década, sino  el hecho de que haya sido el pueblo quien lo llevó al poder aún sabiendo de su homosexualidad.

La casa de la Torre Eiffel, que podría ser considerada uno de los símbolos fálicos más grandes del planeta, según la teoría freudeana, sería dirigida desde entonces por Bertrand Delanoë, un nombre que no sólo pasará a la historia del Partido Socialista, sino que también enorgullecerá la historia del movimiento gay mundial.

Eso fue en Paris hace 10 años. ¿A qué hora le toca ponerse los pantalones a Chile?