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A la Caza de los Vejetes Rancios

¿Puede una mujer malinterpretar un gesto cariñoso de un varón? Si, puede. Y si solo fue un gesto cariñoso, si yo fuera varón, me desharía en disculpas, y en dejar claro que jamás fue mi intención propasarme y haría lo que fuera posible para que ella sintiera alivio y no viera mermada su confianza.

Pero no, en vez de eso, el alcalde de Puerto Varas, Ramón Bahamonde, frente a la denuncia pública de acoso que hizo Camila Gallardo, él prefiere responsabilizarla a ella, exigir que sea ella quién ofrezca disculpas por haberse puesto atadosa, porque las minas somos así, alharacas.

Hay que ser bien cara de raja para ir a ponerle un beso cuneteado a una joven artista de 22 años que se sube al escenario de tu comuna, ver que ella evidentemente rechaza tu conducta, y encima esperar que ella se disculpe. Es cara de raja porque el vejete justifica su conducta en TV, varios canales tienen su testimonio, donde afirma que es una costumbre propia del sur, que las sureñas no le ponen problemas, que el problema es la hipersensibilidad de la cuática santiaguina.

Déjeme decirle, su viejo rancio de tula apestosa y añeja; que las sureñas no somos distintas, a nosotras tampoco nos gustan sus toqueteos, sus labios cerdos cerca de los nuestros, sus manos tiritonas tocando donde no deben y menos aún, sus puestos de poder vetustos que les hacen creer que son los patrones de todo fundo. Si alguna mujer en el pasado no le hizo “berrinche” fue porque vuestro puto patriarcado la obligó a guardar silencio, porque sus trabajos podían estar en riesgo, también su credibilidad frente a monstruos con poder es débil; pero no más, caballero; ya no va más nuestro silencio, se les acabó la fiesta a los viejos verdes abusadores y superpoderosos.

Porque hay que ser bien cara de raja para hacer eso en un escenario público, con cientos de personas mirando y cámaras grabando. Imaginemos cuántas de sus trabajadoras han debido aguantar estas y peores situaciones en ausencia de testigos, celulares y funas. Ojalá otras mujeres que trabajan con él pudieran vencer el miedo y contar sus historias, no están solas, y estamos acá para apoyarlas; si quieren hacerlo y están dispuestas a dar su testimonio, pero sienten miedo y necesitan apoyo psicológico o legal, escríbanme y las ponemos en contacto con profesionales que puedan acompañarlas. Pero denunciemos a estos tipos, es nuestro espacio, nuestro cuerpo y son nuestras decisiones.