Mi experiencia, Relaciones, sociedad

LA DICTADURA DE LOS APESTOSOS

Ayer, después del show, me senté en la barra del bar, se acercaron 2 chicas muy amables, conversamos un rato. Mientras hablábamos, se acercó un amigo de la Belén a la barra, donde estábamos nosotras; se incorporó, miraba al grupo. De pronto una de las chicas me mira en complicidad y me pregunta si estoy incómoda por el tipo y si quiero que me saquen de ahí. Le agradezco la preocupación y le explico que no pasa nada, que es amigo de Belén y no hay problema, que no me incomoda.
Le cuento al joven lo que pasó, para que no sienta que hablamos a sus espaldas, se lo cuento como talla, me río. El se ofende, ofusca y vocifera que encuentra el colmo que las otras chicas lo traten desde el prejuicio.
– Por qué asumen que vengo a molestar? ¿por qué piensan eso de mi si no me conocen? es una falta de respeto!
– Por eso mismo, porque no te conocen, y no tienen por qué saber a qué vienes; y la verdad, yo les agradezco el gesto, de querer protegerme de una situación incómoda. Bacán que me ofrecieran ayuda!
– Pero yo no hice nada! solo me acerqué! por qué lo hacen si no me conocen!!!! yo nunca he acosado a nadie!!!
– Exacto, no te conocen, no saben si venías con buenas o malas intenciones. En vez de cuestionar la reacción de las chicas, te invito a pensar de dónde viene el instinto de las mujeres de estar a la defensiva. Cientos de miles de tipos son apestosos en los bares y entre nosotras hemos aprendido a desarrollar códigos para arrancar de ellos. Te toca pagar por aquellos que han sido apestosos, aunque quizás tú no lo seas. De hecho yo no te conozco, no sé si eres apestoso o no, solo sé que conoces a Belén, y por eso no me complica que estés acá.
– Pero ¿cómo va a ser posible que no pueda acercarme a una mujer en un bar para hablarle!!??
– Claro que puedes, el tema es si ella quiere que te le acerques, en una de esas no quiere hablar contigo; está en su derecho de no querer pescarte. Que tú quieras acercarte no significa que ella quiera que te acerques.
– Pero si yo nunca he hueviado a nadie!
– Puede ser, pero te apuesto a que has visto, en tu historia de vida, a otros hombres poniendo incómodas a mujeres en bares…
– Pero yo no soy así, ¿por qué el prejuicio es contra mi?!!!
– Porque los prejuicios se aplican a lo desconocido para poder abordarlo, y se genera de un promedio de experiencias anteriores con sujetos similares. Te imaginas cuántos apestosos hemos debido aguantar como para desarrollar un instinto anti apestosos? Te sugiero que enfoques tu energía en educar a tus amigos, compañeros, congéneres en no ser apestosos, así quizás algún día ya no tengamos que defendernos y huir.
– Y por qué tengo yo que andar educando weones?
 
Y terminó el diálogo con una frase final en el tono más sarcástico posible del universo:
 
– Ya, parece que voy a tener que tener que pensarlo dos veces antes de acercarme a una mina en una bar pa que no se espante.
– Exacto! lo entendiste, debes pensarlo dos veces y tener ojo con su respuesta, a ver si ella quiere que tu le converses. Es super simple, respetar el metro cuadrado del otro; es cuestión de empatía.
 
No me compró nada de mi diálogo. Pero nadie podrá decir nunca que no traté de explicarle qué era lo que no estaba bien, y ojo cabros; si ustedes mismos no apoyan la causa y ayudan a frenar a weones que se se creen con el derecho de abordarnos porque estamos ahí, al final los únicos que saldrán perdiendo son ustedes. Nadie quiere andar a la defensiva; pero si nos pasa, es porque han habido demasiados apestosos en nuestra historia.