Relaciones, TV

La fea rehabilitada de ser fea, que es aún más fea

Ay, la medicina ha avanzado tanto, la tecnología está cada día más barata y los docurealities de cirugías plásticas nos han demostrado que el ser humano es esencialmente como el pico. Y lo digo porque nos han mostrado que es una conducta recurrente que cuando a un paciente feo lo operan, al poco andar patea a su pareja y se busca uno “más bueno”.

Hemos visto como esos personajes que han pasado una vida entera lidiando con sus defectos físicos, con la autoestima decaída, con la moral en el piso; pero pese a eso, y a todas las dificultades propias de la búsqueda de pareja, han logrado que otro ser humano logre valorarlos por lo que son y no necesariamente por ser el reflejo de las revistas de moda, y esa weá es para aplaudirla en una sociedad culiá arrogante, superficial y fatua como la nuestra.

operada

Entonces duele ver como es que en cuanto las weonas se ponen un buen par de tetas, se sacan las estrías, se tijeretean los rollos, se arreglan los dientes y levantan el culo; entonces descubren que el tipo con quien compartían su vida de pronto, ya no es suficiente. Merecen más.

Pa matarlas. Yeguas de mierda insensibles incapaces de reconocer que esos weones, posiblemente feos también, fueron capaces de encontrar sus maravillas internas y que no es justo que cuando logran ser atractivas para el mundo, las guachas malcriadas entonces creen que ahora pueden encontrar un partido mejor que combine poéticamente con su nueva tenida de marca y su brushing de peluquería de TV. Lo disfrazan de tiempo, de tiempo para adecuarse al cambio, de ajuste de lo que será su nueva vida; pero no dicen en voz alta que en realidad lo que esperan es que su nueva imagen atraiga lo que ellas siempre quisieron, o mejor aún, lo que ellas siempre merecieron. Porque claro, el weón loser, nerd y espinilludo ya no es suficiente para la fea renovada, para la ex gordita simpática que se transforma en la operada hija de puta que abandona en el exilio emocional al perdedor que la amaba cuando ella aún era la feíta de siempre; no le otorga valor al feo enamorado que se la comía con la luz prendida cuando nadie más se la quería servir. Eso no se hace, señoras.

Ni por más tetas nuevas que tengas, ni por menos rollos que luzcas, ni por más dentadura completa que ostentes.  Ese feo sin gracia te sacaba a pasear en la calle de la mano cuando ni tú querías mirarte al espejo; y tú ahora te transformas en la idiota discriminadora de feos que siempre odiaste y que te hizo la mujer insegura en la que te convertiste, y que sin importar tus tetas nuevas, seguirás siendo.