Feminismo, Mi experiencia, Relaciones

LA GRINGA

Cuando era chica, la Gringa, que era una amiga de mi mamá, que no tenía nada de gringa pero su tinturado rubio nunca falló, y era la única amiga de mi vieja que usaba brillos, dorados, bisuteria, tenía ropa extravagante, el pelo enorme, chasquillas, botas muy largas, carteras enormes, anillos y pulseras gigantes, todo con mucho glitter y nada en su corporalidad pasaba piola, usaba unos trajes de baño soñados con escote hasta el ombligo, rebajados pal pico y sus chalas de playa eran plateadas, obvio. Y veraneábamos en Lícan Ray. Ella representaba todo lo que el facherío araucano temía, era lo distinto, lo único, lo extraordinario. Ella representaba lo que todos repudiaban, una mujer libre de prejuicios, siempre hizo lo que quizo y dijo lo que se le paró la raja. Todo el mundo le pedía mesura y decoro, a la Gringa todo lo que los demás opinaran le importaba verga y media. Y ella, mi única superheroina de la infancia, con capa de tul y pedrería de fantasía, ella me declaró reina, siempre me dijo que yo había nacido para ser especial, bella, irreverente y libre. Siempre me dijo que hiciera lo que quisiera, porque yo era la reina, del país de la mierda, pero reina. Todas necesitamos una Gringa en nuestra vida. Sé la Gringa de las niñas que conoces. Sé tu propia Gringa también.