Periodismo y Ciudadanía

La innovación es un acto subversivo

post-it

¿Para qué innovamos? ¿Por qué innovamos? ¿Cómo se innova? ¿Qué es innovar?

Si eres capaz de responder a estas cuatro preguntas, te invito a que sigas leyendo; si no tienes las respuestas, te doy la bienvenida al club de la gran mayoría.

Porque innovar no es necesariamente crear algo totalmente nuevo, y si lo haces; es poder generar valor con esa novedad. Innovar no es crear un pitufo morado que no existe; si no, crear un pitufo morado que le sirva para algo a alguien, y que ese alguien esté dispuesto a pagar por ese pitufo morado que le sirve de algo. ¿No te quedó claro el ejemplo del pitufo morado?

Aquí otro ejemplo; ya en 1950 existía la tarjeta plástica con banda magnética, y en 1971 The American Banking Association en Estados Unidos, aprobó el uso de la banda magnética a nivel bancario; pero no fue hasta que apareció en la ecuación un psicólogo estadounidense, que llegó la real innovación; el señor Bill Melton desarrollaba un aparato que leía las bandas magnéticas y que no solo era pagable, sino, rentable. Y ahí fue cuando efectivamente el uso de las tarjetas de crédito logró masificarse. Hizo accesible a muchos, lo que originalmente sólo le servía a unos pocos.

Lo mismo con el Dr. Spence Silver, que descubrió que un pegamento no pegaba bien; un descubrimiento inútil para él; pero cuando ese pegamento “malo” cayó en las manos de Art Fry; quien se quejaba constantemente de que los separadores de páginas de sus libros se caían, entonces fue que desarrolló la innovación; el pegamento que no servía bien, unido a pedacitos de papel; nos entregaba una nueva maravilla de los tiempos modernos y la marca 3M lanzaba en 1974 los Post It®, esos papelitos amarillos engomados que hoy vemos pegoteados por todas partes.

Y así fue como conocí en 2007, a un inventor fantástico que desarrolló una técnica fabulosa para transformar la basura domiciliaria en bloques de material para la construcción de mobiliario urbano; ¡y te apuesto que no sabes de qué hablo! Claro que no, porque aún falta el campeón innovador que haga de esa técnica un proceso pagable, y no solo pagable; si no rentable; para que las municipalidades estén dispuestas a invertir en esa tecnología y solucionar de forma ecológica y limpia el problema de los residuos de nuestros hogares.

Ahí está la diferencia entre el invento y la innovación; y esos son los innovadores que nos faltan hoy en Chile, porque innovar es un acto subversivo, donde hay que pensar en romper paradigmas, desequilibrar lo establecido y “pensar fuera de la caja”, como dicen los gringos.

Muchas veces son quienes están fuera de los círculos tradicionales o fuera de cada industria quienes llevan a cabo las más grandes innovaciones; porque no están contaminados con cánones establecidos de cómo DEBEN SER las cosas. Ese es el desafío para un país que está en camino al desarrollo y que tiene tanto por solucionar; y donde las oportunidades para ser creativo y mejorar productos u optimizar procesos están dadas más por la necesidad de la población, que por lo avanzado de sus compañías. Transformar las necesidades de quienes te rodean en oportunidades y satisfacerlas; es sin duda un acto subversivo en un mundo donde estamos acostumbrados a que el grande se come al chico simplemente porque es más grande. Señores, eso ha cambiado; y estamos entusiasmados.