Destinos, Mi experiencia

Lecciones de París: 1: Permuto honorarios por tiempo libre.

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Cumplí la mayoría de edad patiperra; con mi llegada a París completé mi país número 21.

Pasé muchas veces antes por Europa, nunca antes quise pasar por aquí, siempre pensé que la vida me traería de una u otra forma, que era mejor aprovechar de conocer otros lugares menos tradicionalmente turísticos; total, iba a llegar a París de todas maneras en algún otro momento.

Y así fue.

Hoy agradezco haber tomado esa decisión, supongo que hace algunos años no habría vivido París como hoy, que me encuentra mas grande y un poco más consciente.

Decidí no matarme recorriendo ciudades, quise tomarme una vacaciones tranquilas, para leer, escribir, caminar lento, pasearme por cafecitos comiendo cochinadas; dedicarme al ocio, la literatura y la gula. En esta ocasión, la lujuria tampoco era prioridad, pero no es que una le fuera a hacer asco si se aparecía.

Dediqué los 2 primeros días de mi estadía a conocer los lugares turísticos típicos, tomar las fotos infaltables; el resto ha sido tranquilo, sin mucho bullicio ni turistas guatones con guayaberas. Llevo un cuaderno y un lápiz pasta en una bolsa de tela, y en el bolsillo mi teléfono, no para recibir llamadas, si no para fotografiar lo rico que como o lo rico que veo. Sin internet.

Supongo que hace algunos años me habría encandilado con el carrete parisino, hoy no. Hoy he dado prioridad a la luz del día, a andar en bicicleta como si fuera una Ameliè pasada por cloro, a frecuentar cafés de barrios de inmigrantes, sin turistas vociferando en inglés.

Supongo que hoy no he querido dejarme arrastrar por el cliché que nos vendió Hollywood, he visto en París mucho más que eso. Y aun no huelo a nadie hediondo.

Y estando aquí, se hace imposible no entrar en las siempre temidas comparaciones odiosas, pero me ha sorprendido lo amigable que se vuelve una ciudad así de grande cuando tienes ciclo vías que te conectan a todas partes, y lo bien que le hace al ser humano poder sentarse a tomar café, hablar de todo y nada, sentarse a la orilla del Sena con una botella de vino y un par de quesos junto a los amigos. Pero para eso, necesitas tiempo libre, cosa escasa en los trabajadores chilenos.

Permuto honorarios por tiempo libre. Ahora.