Destinos, Mi experiencia

Lecciones de París: 2: Amor Público

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¿En qué momento se definió en Chile que las demostraciones de amor de forma pública son una muestra irrestricta de chulería?

Porque eso de andarse besuqueando en público, es de rotos. Se recita en mi país. Probablemente una más de las ocurrencias de los arribistas de siempre, que andan por la vida con eso de que somos los ingleses de Latinoamérica, y claro, heredando con ello no solo la sobriedad inglesa y el té a las cinco en punto, si no también su frialdad y fomedad monárquica y pacata.

Arrumacos y besuqueos cachondos son cosa de liceanos en plazas y parques, pero jamás de gente bien.

«Gente bien», bien aburrida. Sin ser yo, en lo personal, un ser humano muy de piel, confieso que me encanta ver cómo la gente, en un acto que yo definiría como de suma valentía, muestra de forma pública sus afectos sin pudores ni trancas, porque en un mundo donde el cariño está profundamente supeditado a la esfera de lo privado y lo doméstico, hay quienes se saltan ese protocolo y se atreven a quererse con el mundo de testigo. Yo, eso lo admiro.

Estando en París, me di cuenta que se me aparecían imágenes de amor público mucho mas seguido que en Chile, claro, ésta es la ciudad del amor, el fetiche romántico se huele, y supongo que quienes vienen se sienten «con permiso para amar» y se ven a si mismos un poco dentro una película en tonos sepia que les permite abstraerse de la consciencia y robarse un par de besos mientras la vida pasa por su lado.

Hace tiempo que me he dedicado a fotografiar a estos valientes, y hasta creé el hashtag #amorpublico en Instagram, donde he ido haciendo publicas algunas de las fotografías que capturo en la calle, en el metro, en el supermercado, plazas, parques y reuniones sociales. Y creo que es hora de invitar a todos a postear a otros valientes que hacen del amor y los afectos algo menos escondido y más parte de nuestro quehacer cotidiano.