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Nos convertimos en la loca de mierda inculiable

Toda la vida nos enseñaron a ser dóciles, a ser damitas, bien portadas, pudorosas de nuestro cuerpo y por sobre todo, respetuosas del varón. Agradecidas de su atención, emocionadas por su tiempo y consideradas de su arduo trabajo para nuestro bienestar. No me extraña que toda la generación de nuestras madres lo piense así; llevan una vida completa en una cultura machista que te indica que mientras mejor vinculada estés con el sexo masculino, más posibilidades tienes de éxito; y que debes competir con la de al lado para sobresalir y captar la atención de ellos; porque la validación de la mujer se fundó sobre la aprobación del hombre.

El problema no es si a esa mujer le gustan los piropos; el tema es ¿por qué le gustan, por qué le hacen el día, por qué lo buscan? Porque la cultura en la que vivimos le enseñó que debe gustar, que debe ser deseada por ellos, que las mujeres que sirven son las que gustan, las que saben agradar y buscan la manera de no molestar; no lo permita dios que estorbemos, que les hagamos las cosas complicadas, que no vayamos con sus ideas por obtusas que sean, porque de forma automática pasamos de musas inspiradoras, silenciosas y místicas a convertirnos en locas de mierda inculiables! Inculiables, sí, porque el que quieran culiarnos es un privilegio al que debemos aspirar, la que pierde la categoría de cogible lo perdió todo, la que no es digna de sus tulas ya no tiene futuro y no merece un minuto de atención.

El adjetivo de inculiable lo adoptaron porque de verdad creen que no hay ofensa más grande que no querer penetrarte. En cambio el piropo…. Ahhhhhh el piropo…. Es la manera socialmente aceptada de decir que te quiero meter el pico hasta las amígdalas, que estás rica, que no importa lo que tú opines de mí, lo que importa es que me calientas y eso, debería hacerte sentir muy orgullosa de ti misma, por eso un piropo te hace el día. Por eso el feminismo es para todas y para todos, incluso para ti.