Comida, Mi experiencia, Sexo

Los huevos revueltos son la nueva prueba de amor

La sociedad ha cambiado, los valores y la moral han dado un par de giros, el sexo se ha banalizado y eso a mi me gusta. El sexo hace rato, que para una porción importante de la sociedad, ha dejado de ser el tabú del que no se habla y también ha dejado de ser el acto prístino de la consagración del amor; para transformarse en una forma de comunicación, de acercamiento y de expresión personal, que no necesariamente tiene que estar vinculado a sentimientos profundos de afecto.

Eso también me gusta.

Pero claro, en este nuevo escenario de laxitud, es necesario que reorientemos los códigos, que recalculemos las señales: que tire contigo, no significa que te amo; cuando de verdad quiera hacer un acto de suprema entrega y profundo amor, te haré huevos revueltos al desayuno.

Y pongo el ejemplo de los huevos revueltos, porque hoy es fácil tirar con cualquiera que te motive mínimamente, pero abrirte la cama para que pases la noche, durmamos juntos y tomemos desayuno al despertar; a eso señores, a eso no tiene acceso cualquiera. Ahí está la nueva prueba de amor. En la cotidianeidad.

Si te agarro de un ala y te saco de una fiesta para llevarte a tener una noche apasionada de raspones de rodillas y mordiscos en el cuello es una cosa, pero si te invito a tomar once, comer pan con palta y ver las noticias; ahí preocúpate cabrito.

Supongo que en mi propio escenario he aprendido a satisfacer mis necesidades biológicas de manera transparente y sin tapujos, dejando entonces la privacidad de mi casa o la calidez de mi cocina reservada para aquellos que verdaderamente me importan.

Puedo besarte sin saber tu nombre, pero si te hago cariño en el pelo mientras vemos una película en silencio… entonces comienza a pensar a quién le pedirás que sea el padrino.