Comida, En Los Medios

Mi maratón fue de postres

Los talibanes del “running” –palabra que, dicho sea de paso, me parece de una siutiquería supina- dicen que la Maratón de Santiago se farandulizó, que está llena de gente que solo va para la foto y que no tienen idea de cultura maratonera. Para otros, la gracia de esta maratón es justamente esa; sumamente masiva, se respira adrenalina y se llenan las calles de gente normal y sin alto rendimiento, que quiere correr y exigirse como un desafío personal.

La vi por la tele, porque por supuesto, como buena gorda lechona que soy, no fui a correr la maratón. -No corro ni para alcanzar la micro y voy a correr la maratón-. Y viendo a los rostrillos de tevé que aparecían, miraba cómo por su lado pasaban los guatones parrilleros a guata pelá, de esos que se comen la pizza fría al desayuno, pero que igual corrían, y saludaban felices a las cámaras, y llegaban destruidos a la meta. Pero llegaban.

Entonces me pregunto: ¿Por qué corren? ¿Por qué invierten plata en correr junto a una masa de gente con la polera de moda? ¿La horda sudorosa los motiva? ¿Por qué no corren solos y tranquilos escuchando música en la mañana dominguera? Un corredor me dijo: “al igual que los que aman la música van a los conciertos en vivo, y no se conforman con escuchar el CD en casa, prefieren el bullicio y el apretuje revuelto de un concierto”. Nada más que decir. Corran por mi, que yo me quedo en casa escuchando música y comiéndome los postres.

**Columna publicada en Las Ultimas Noticias del lunes 2 de abril de 2012.