Mi experiencia, Vecina de Mierda

Mi Vecina de Mierda

No se burle usted del título de esta nueva sección, no haga tal; porque todos hemos tenido, tenemos o tendremos una vecina de mierda; no escupa al cielo, porque le puede caer el pollo, justo en el ojo.

¿Por dónde empiezo? Es que mi historia con vecinas de mierda es de larga data; comenzó en mi primera casa fuera de la de mis padres; fue lejos la menos complicada, el verdadero problema era su hijo adolescente; que tenía la costumbre de escuchar regetón hace ya como 5 años; y no solo le gustaba escuchar regetón, si no que hacía que toda la cuadra escuchara regetón; el muy requeteflayte ponía los parlantes en la ventana y se instalaba los días de verano en una carpa de playa en el patio delantero a cheliar con los compañeros de curso del liceo.

Y claro, yo culpo a la madre, porque el cabro de mierda era menor de edad, imbécil, adolescente y eso está en su naturaleza; pero es responsabilidad de los padres ponerle su “parelé”. Y cuando sus padres salían el fin de semana, el pendejo hacías las medías fiestas! Y aquí no me quejaré del volumen de la música, porque eso me transformaría a mi en una Vecina de Mierda; me quejaré porque tenía la desfachatez de poner un tema de Daddy Yankee, luego uno de Slayer, después uno de Luis Fonsi y cerraba con Iron Maden; y eso para mi es una falta de respeto; hay mezclas señores, que debieran estar prohibidas por ley.

Luego me cambié a un condominio muy pituco en un barrio muy lais; yo era lejos lo más punga dentro de ese recinto, una típica clase media aspiracional. Y mi vecina ochentona llegó el primer día a “ponerme los puntos sobre las ies” según ella misma declaró. Solo para darles algunos ejemplos, quería prohibir que los niños gritaran en la piscina –cuando las áreas verdes con juegos infantiles y piscina están hechas pa que los cabros chicos se diviertan- , quería incorporar al reglamento, que las mujeres tuvieran que ponerse pantuflas al llegar cada una a su departamento, porque a ella le molestaba el sonido de los tacos en el piso flotante –habráse visto huevada más grande- y quería establecer que todas las cortinas de los departamentos fueran del mismo color – señora, el día que usted me elija la decoración de mi casa, me tiro de cabeza por el balcón- .

Y entonces fue cuando llegué a mi tercera vecina de mierda, y probablemente la peor de todas. Lo que más me duele de esta, es que ni siquiera es vieja, por lo tanto no le puedo atribuir la tontera a una cuestión de edad, de brecha generacional, por último de demencia senil, esta es pura y llanamente una vecina de mierda. Y lo peor de todo, es que no solo es mi vecina; es la reina de este feudo, porque en Chile quien preside la junta de vecinos, tiene chipe libre y es todopoderoso. Ella ha adoctrinado a los conserjes en su dictadura del odio y de 5 que son, sólo tengo relación amistosa con 2; a los otros, no pude sacarlos del lado oscuro de la fuerza.

Tú te preguntarás, ¿qué tanto puede haber hecho esta señora para provocar que cuando me la topo en el ascensor le de vuelta la cara y le diga “hum” tal como hacía los desaires doña Florinda a la Bruja del 71?

Todo comenzó también el primer día… figuraba yo en plena mudanza, llena de muebles, sudada, tapada en polvo, con jóvenes ayudantes subiendo y bajando escaleras acarreando weás y llega la señora sin decir siquiera buenos días: “les voy a pedir que por favor no metan ruido, ah!” ajajaja la vieja culiá! Métase el “por favor” por la raja! Cómo no cacha que cuando una se cambia de casa es inevitable meter un poco de ruido? Cómo no cacha que cuando una tiene una vecina nueva la saluda, le da la bienvenida, le ofrece ayuda, pero no le pone la punta al primer diálogo?…

Y eso no sería nada, al segundo día me ataja en la puerta para decirme: “no le voy a tolerar que usted se exprese de esa manera, usted su familia y sus amigos con tantos garabatos, este es un condominio decente, así que le voy a pedir que por favor modere el vocabulario…” tuve que interrumpirla, tanta sandez junta me dio escalofríos: “señora, no necesito que usted me permita nada, en mi casa hablo las weás que quiero, y si usted anda de sapa escuchando conversaciones ajenas, problema suyo”.

Y bueno, puede que hasta aquí no parezca nada raro –si hasta aquí esto le parece normal, deje de leer vieja de mierda!-

Y entonces llegaría la tercera chambonada; a una semana de haber llegado invité a mis 5 mejores amigas a tomar once, tipo 8pm… si! El medio carrete dirán ustedes… a eso de las 10 figuraba la vecina de mierda quejándose ante el conserje porque nos reíamos demasiado!!!!!!! Es que no podís hinchar las weas porque en un departamento, un día viernes a las 10 de la noche “las personas se ríen demasiado”!!!! Anda a comprarte un dildo de una vez y sácate esa histeria que te atormenta. He pensado seriamente en regalarle una caja de Viagra al marido, o llevarle un anillo vibrador de Lifestyles para que se le pasen las mañas; pero dudo que el marido se lo ponga “at all”. Y pa qué les cuento cuando quiso enseñarme a cerrar la puerta, porque según ella cierro muy fuerte, o cuando quiso prohibir que los niños usaran las escaleras porque las zapatillas hacían mucho ruido en las baldosas.

Y entonces a eso le sumamos que sea ella la precursora de la ley que no permite que los chicos que traen comida delivery suban a tu depto a dejarla si no que tengas que bajar tu, en pijama, o peor aún, habiendo tirado recién; tú debes darte la paja de bajar a buscarla. Y otra ley maravilla: solicitar a todos los que entran hasta el pasaporte! Y más encima de mentira, porque te preguntan mil datos pero no los corroboran con nada; por lo que perfectamente podrías entrar a verme como Pedro Picapiedras, RUT: 6.969.696-9.

Si esta no es una Vecina de Mierda, no se que mierda lo sea. Pero solo me queda una cosa clara, si a usted no le gusta tener gente alrededor, no viva en un departamento; si a usted no le gusta compartir el espacio con otros y estar dispuesto a bancarse que hay otros que también tienen derecho a hacer su vida sin que los jodan; no viva en comunidad.

Agradezco de corazón al resto de los vecinos que no son de mierda, y que al igual que yo, deben bancarse a esta señora amargada con la entrepierna hedionda a naftalina.