maternidad, Mi experiencia

Odio los baby showers

No sé si es porque mi embarazo fue difícil, o porque me son poco agradable los cabros chicos, o porque odio el rosado para las niñas y el celeste para los niños; pero la verdad es que odio los baby showers, esa costumbre gringa que de apoco se ha tomado los hogares de nuestros amigos obligándonos a celebrar con pañales y mamaderas en una tertulia escandalosamente mamona.

Aquí es donde las madres de Village que sueñan con fotos amamantando sus hijos en color sepia me odian, pero la verdad, no quiero ir a tu baby shower. Entiendo que estés dichosa, en serio, que la magia de la maternidad te tiene fascinada y que quieres explotar de felicidad, pero la sola idea de ir a una celebración donde los vómitos infantiles, las cacas amarillas y las pechugas agrietadas por la lactancia sea tema, me complica. Y si a eso le sumamos la cursilería de todo decorado con blondas y globos, quiero arrancar.

Y además, ahora les llaman “Baby Sour”, por lo tanto la guagua viene siendo la excusa para hacer un carrete, yo preferiría en serio, que hicieras un carrete sin baby y me invitaras; pero el exceso de progesterona, estrógenos y oxitocina me pone de mal humor. Es que no nací para eso y te pido disculpas si te ofende, pero me siento con el derecho de no ir sin que te ofendas.

Cuando nazca tu guagua estaré muy felíz por ti, te iré a ver cuando la tengas en tu casa y te llevaré un lindo regalo para compartir tu felicidad, de corazón, desde lo más profundo de nuestra amistad, pero no iré al “baby sour”, no comeré tus cupcakes decorados en rosado ni me tomaré las champañas con tus otras amigas progestésicas. Y porque te amo amiga, no iré a poner la cara de culo, la cara de interés falso en una reunión que se me hace forzada, y dejaré que disfrutes de chupetes y saca leches a tus anchas, porque esta columna no es una invitación a que no lo celebres, sino solo un aviso amoroso de que no voy, y que nada tiene que ver contigo, si no conmigo, no eres tú, soy yo y mi nula relación con esta fiesta del talco y el mudador.