Destinos, Mi experiencia

Querida Myriam

Querida Myriam,

Después de nueve años de ocurrida esta anécdota, recién me lanzo a escribirla, sólo porque sé que nueve años después sí tendrás acceso a leerla. Si usted es amigo de Myriam Hernández o conoce a un amigo suyo, porfi envíele el link, se lo agradeceré eternamente.

Corría el año 2005, yo volvía a China como cada septiembre cada cinco años. Un calor muy húmedo en Hangzhou, en la provincia de Zhezhiang. Una ciudad turística, hermosa, el lugar donde los recién casados chinos van a pasar su luna de miel. Con un lago en el medio de la ciudad al que íbamos diariamente a las 5 am a hacer tai chi.

Una noche, como era de costumbre en cada viaje, decidimos ir a un hotel de karaoke; y claro, los karaokes chinos no son como los que nosotros conocemos, son salas privadas, nadie da jugo cantando curado frente a desconocidos, en temas de pudor, los chinos claramente nos dan una paliza! Allá, cada grupo que va entra a una sala privada, son muchas “habitaciones” privadas separadas, cada una atendida por un mesero que te lleva copetes a la sala. Además, cada sala cuenta con un montón de tonteras para dar jugo con más onda: panderos, maracas, triángulos, y todo tipo de instrumentos musicales de baja categoría.  Y cada cierto rato, suena una alarma que indica que es hora de salir a comer, y todos los que están en las salas se reúnen en el centro del hotel a buscar comida en un buffet. El único momento en el que tienes contacto con gente de las otras salas. Las jovencitas chinas, aprovechan ese momento para lucir sus labios coloreados y sus zapatitos con lentejuelas en escenas que parecen sacadas de un capítulo de Candy.

Pero eso no sería nada, volvíamos del picoteo y me propuse que dejaría mi odio por el karaoke de lado (estando en China es ofensa nacional que no te guste) y cantaría algo. Me fui de hacha a revisar la lista de temas. Cuál no sería mi sorpresa cuando encontré en el karaoke chino, en Hangzhou: “El Hombre que yo Amo” de Myriam Hernández.  Grité a todo pulmón en español para que me escuchara el resto de los chilenos que andaban conmigo: “Conchatumadreeeeeeee encontré el hombre que yo amoooooooooo” y ellos respondieron: “Nooooooooo el de Myriam Hernández??????” el resto de nuestros compañeros no entendían nada, eran chinos, indios, alemanes y estadounidenses. Entonces, entre casi sollozos, les explicamos brevemente, que Myriam era chilena, la faraona de la cebolla nacional, un baluarte de nuestra cultura popular y que no podíamos creer encontrarla en ese lugar. Asumí el desafío. Agarré el micrófono, me metí mi odio al karaoke por la raja, y canté.

Pero no canté como quien canta la cuncuna amarilla, canté con el corazón desgarrado, con la mano en el corazón como cuando los gringos cantan su himno nacional, canté acompañada de mis compañeros chilenos como si no hubiera un mañana de vuelta al país, era mi segundo 18 de septiembre en China, y lo más cerca que había logrado estar de nuestras tradiciones era una parrillada argentina que en realidad era de un uruguayo y donde cantaban salsa un grupo tropical chino.  Myriam entonces, representaba lo más puro de nuestra idiosincrasia llorona y cebollenta. Cantamos sin mirar las letras del karaoke, porque el hombre que yo amo, era nuestro verdadero himno.

Y entonces terminó la canción, aplaudimos como cuando se aplaude para comenzar los Juegos Olímpicos, y entonces reflexioné: “Cómo xuxa hago para que Myriam se entere de que está en un karaoke chino tradicional donde tomas té verde de principio a fin, perdido en una ciudad oriental y que sepa que con esto, ya la hizo?”. En el 2005 yo no tenía ningún acceso real a contactarla, no tenía twitter, no salía en la tele, no tenía cómo. Pero yo sólo pensaba en lo feliz que se sentiría ella sabiendo que había cruzado más fronteras que las que ella podía imaginar.

¿Cómo cresta llegó Myriam a ser parte del catálogo de ese karaoke? No tengo idea, ni me interesa saberlo, sólo sé que habría sido muy feliz en ese momento de poder contarle. Nueve años después, estoy segura Myriam que te vas a enterar, y vas a sentir que se te erizan los pelos como se me erizaron a mí, que canto como el hoyo, pero te canté con todo el amor del mundo.

Años antes, en 1999, estando en Nainital, una ciudad enana en India, en altura y que limita con los Himalayas, encontré en un sucucho de mierda, un emporio escuro y enano, un poster de Ricky Martin. También me emocioné, Ricky no era en ese entonces lo que es hoy, fue un orgullo latino verlo pegado con moco en un boliche infesto como ese, en una ciudad pegadita a la nubes, y que, coincidentemente también tenía un lago en el centro. También quise avisarle a Ricky que su carrera había explotado y su cara estaba corcheteada en una pared del fin del mundo…. Pero lo de Myriam, lo de Myriam era distinto, porque las piernas de Myriam eran chilenas, y finalmente, todas nos sentíamos un poco Myriam. El Hombre que yo Amo nunca volvió a ser lo mismo. Querida Myriam, un homenaje para ti, nueve años después nunca serán demasiado tarde.