#RutaDeLaCafetería, Comida

#RutaDeLaCafeteria : Malteadas en Por Amor Al Arte

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-Cafetería Por Amor Al Arte: Av. Santa Isabel 658, Providencia, Santiago de Chile-

Ofrecen “placer”, “gusto”, “aroma”, “diseño”, pero yo, la verdad, me dejé tentar por la pizarra que ofrecía milk shakes.

Siempre el milk shake me ha evocado a Grease Brillantina, Estúpido Cupido y todas esas cursilerías de fuente de soda gringa de los años sesenta, con faldas plato, soquetes blancos con vuelitos que decoran las zapatillas de lona para bailar rock & roll. Entonces una pizarra que me ofrecía tres variedades de esa pócima del tiempo, ya me parecía muy atractiva.

20140114_172920Cuál sería mi sorpresa al escanear el escenario, cuando reparé que siendo 14 de enero, aún mantenían la decoración navideña, eso para alguien que mantiene el arbolito de pascua armado todo el año, era casi como estar en casa. Decorado sin grandes pretensiones, cómodo y con terraza. Punto para Por Amor Al Arte.

Pedí el milk shake de chocolate, por supuesto. Que con más de 30 grados a la sombra me pareció sublime; pero por sobre todo, amé que el dependiente estuviera preocupado de que tuviera suficiente vientecito en la esquina de la terraza donde me había sentado a escribir. Luego me enteraría de que el joven atento y fornido, era además de atento, el dueño del lugar.

Una mesa para cuatro me acogía a mí, mi cuaderno, mi teléfono y mi maravillosa malteada de chocolate. Llevaba un vestidito corto, de esos que parecen globo. Sólo me faltaba que llegara Danny Zuko y me sacara a bailar.

El grifo en mitad de la terraza se veía extra y entusiasta, de pronto volteo y me encuentro con otra notable pizarra que me sorprende:

“Mokaccino, Chocolate, Leche Nevada, Sopaipillas, Sandwich”

Hace sólo dos días me quejaba públicamente de lo difícil que es encontrar sopaipillas en Santiago sin tener que ir al centro o morir de un coma de aceite tóxico en Bellavista. Y la leche nevada, fue como encontrar un oasis en medio del desierto, un postre tan sureño y familiar. Sólo leerlo en la pizarra me sacaba una sonrisa.

Hay Wi Fi y mesas lo suficientemente grandes como para instalarse a trabajar sin tener que hacerse bolita, sin congestión de público ni hipsters llorando para que les alcancen el frasco de la canela.

Un buen lugar. Sin duda se transforma en uno de mis favoritos del barrio, y una mención honrosa para la señora Erna, qué mujer más encantadora al atender; y el dueño… bueno, el dueño debería explorar un área de negocios que no ha pensado: arrendarse como acompañante mientras tomas tu café. Una idea millonaria, por la que no le cobraré derechos.