#RutaDeLaCafetería, Comida

#RutaDeLaCafetería  Orgasmos para llevar en Hard Rock Café Santiago

Hoy confirmo que la gente es mala y egoísta, existía un lugar con meseros mega ricos, tatuados, rockeros; meseras encantadoras, estupendas en minifaldas negras y nadie tuvo la puta decencia de avisarme antes! Estúpido y sensual personal del Hard Rock Café Santiago, y maldigo también a todos los que no me lo advirtieron, porque habría venido hace meses…

Por supuesto, como Murphy es mi pastor, obvio me atendió una mesera llamada Rocío y no el barbón tatuado, a él me dediqué a mirarlo desde lejos.

En la gran mayoría de los Hard Rock Café en los que he estado antes fuera de Chile, la tónica fue siempre fue mucho turista y poco rockero. El caso chileno coincide en lo de mucho turista, pero me sorprendió ver a varios verdaderos rockeros, y sabemos que eran de los de verdad, porque creo que alguna vez los vi carreteando en La Batuta, un día sin banda tributo. Más que una leñadora y un par de tatuajes.

Suena Aerosmith y el video de Crazy en la pantalla gigante, cualquier lugar que me reciba con Alicia Silverstone en calzones, ya tiene un punto ganado. En la mesa contigua un guapo de leñadora colorada, corte de pelo exótico y lentes de marco negro, que si no estuviera con su mina le habría levantado una ceja. Que igual no habría servido de nada porque los chilenos tienen dificultad para reaccionar frente a gestos de atracción.

Y bueno, Rocío no deja de ser un encanto. Podría acostumbrarme a este lugar y también podría casarme y dar infinitos hijos a ese mesero. Lo juro. Lleno de piochas, chapitas y condecoraciones, como un boy scout malulo, de melena tomada en un moño y cubierto en tatuajes. La malula interior siente que le tocan la puerta. Lástima que a malulos como él no suelen gustarles muchachas como yo, que de pronto opinan en un programa de farándula, que de pronto aparecen en revistas o se rie de los alimentos que producen meteorismo en un matinal de bajo presupuesto.

Así que vamos a lo menos relevante de esta historia: la comida. Suena Amy Winehouse y yo no puedo dejar de pensar en Ale Valle. Si bien las especialidades de la casa se centran en comida gringa y las pulentas hamburguesas con tocino y papas fritas; pedimos unas fajitas de camarones, pollo y carne. Nos sorprendió, es cierto.  Platos grandes, con opulencia, y una de las mejores cremas agrias que he probado en la ciudad, demostrando que son algo más que un logo aspiracional. Porque sí, la carta es cara pero supongo que el lugar los vale, hay trabajo del equipo de servicio, atención impecable y weones tan atentos que te llegan  a hacer sentir que eres una mala persona por no ser tan encantador como ellos; los pedidos llegan en tiempo razonable, el lugar es grande y pese a estar lleno no te sientes agobiado, hay suficiente espacio para respirar. Prueba superada, pese al cocodrilo que llevamos en el bolsillo.