Relaciones, Sexo

Si me vas a cagar, que sea con un hombre 

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A todos nos han cagado o nos van a cagar algún día. Ese es un hecho, y si yo pudiera elegir la forma, preferiría que mi pareja me cagara con un hombre. 

Considerando que soy una mujer blanca, de ascendencia latina y, por el momento, heterosexual; que me cagara mi pareja varón con otro varón seria mi escenario favorito, al menos en ese caso tendría la certeza de que lo que ese hombre le da, es imposible, al menos de manera natural, que yo pudiera dárselo. Mi naturaleza competitiva, pero realista, me dice que es perfectamente normal que lo que ese varón le hizo, yo no pudiera hacerlo, por lo tanto no está en juego mi capacidad, ni se cuestionan mis habilidades, es solo una cuestión de anatomía, de cercanía natural a la próstata, de chuparla con bigotes. 
Porque seamos honestos, cuando te cagan, nadie piensa en primera instancia en que han logrado una mejor comunicación, en que han tenido esas conversaciones que contigo nunca se dieron. No, están tirando mejor. Están tirando como nunca tiramos. El se la está tragando, y con cara de placer, no de aceite de bacalao. 


Por eso si pudiera elegir  elegiría descubrirlo en cuatro, siendo penetrado por una gran y jugosa verga, si fuera por el negro de WhatsApp, tanto mejor.   De esa forma no solo dejo mi propio ego intacto, sino que además tengo espacio para empatizar, para tenerle un poco de lástima, no por la enorme corneta que le están poniendo, sino porque ese momento podría ser la culminacion de toda una vida dentro del closet, viviendo una doble existencia y sufriendo de frente a sus seres queridos tratando de ser quien no es, es el momento de abrazarlo, hacerle cariño en el pelito y prestarle mi Hipoglós. Desde el egoísmo mas profundo, hasta besarle la frente y transformarte en su mejor amiga. Un ejemplo de acogida a la diversidad, un final épico, casi espartano. 


En cambio, si el chuchadesumadre decide cagarme con una mina, que los dioses lo iluminen y se tiente con una mina interestelarmente rica, una mina tan espectacularmente mas rica que yo, que hasta yo en volá, me la quisiera tirar. Y es que si es así, me seria tanto mas fácil explicar nuestra ruptura, puta, cómo no entenderlo? Como juzgarlo? Si hasta yo me habría cagado a mi misma con esa tremenda hembra! Es una weá de instinto, de supervivencia, de querer mejorar la raza con mejores genes, sus cocos lo nublaron, Darwin tenía razón. 


Pero si caemos en la desgracia del creciente flagelo del weon que te caga con una mina más mala que una, que los dioses nos libren del pensamiento autolacerante del “qué mierda tiene en la cabeza que me cagó con una zorra más fea!” porque en ese caso la única respuesta posible es que ella algo estuvo haciendo muuuuuy bien. 


Y una vez mas, el pensamiento mandrilesco se apoderará de nosotras evitando que razones posiblemente atendibles como “me enamoró su sensibilidad” o “la verdad es que sus atenciones y preocupación por mi me cautivaron” sean absolutamente imposibles de asimilar mientras nuestro útero grita “claro, lo chupa mejor la muy perra, te soltó el chico, claro, porque eso es lo que hacen las mujeres desesperadas” en un momento en que nuestra competitividad de hembra desechada en la manada nos traiciona la razón. 

El dolor se duplica si es fea, y podemos decir que no importa la cascara, pero por la chucha, cuando te cagan puta que importa. Y no creo que sea cuestión de género, porque sin dudas, cuando un hombre se sabe engañado, lo primero que se le pasa por la mente es si ese otro la tiene mas grande. Después del shock recién comienza a preguntarse lo importante… ¿le habrá chupado la concha cómo corresponde? O lo que la habrá conquistado habrá sido que no trataba de meterle el dedo en el culo como si no pasara nada?