Mi experiencia

#SiempreQuise volar 

–          ¿Estás nerviosa?

–          No, tengo puras ganas de tirarme

Y no, no estaba pensando en tirarme de cabeza desde el  Costanera Center, era la conversación que teníamos el instructor de parapente y yo mientras él me acomodaba el equipo de vuelo. Lo que el instructor no sabía, es que la verdadera experiencia extrema la había vivido 10 minutos antes, en el espacio de tiempo entre que nos encontramos en los faldeos del cerro La Reina en Colina, hasta llegar al sector de despegue, porque desde hace años he desarrollado una fobia a los caminos de ripio, y la subida me dejó con las manos sudadas, las piernas temblorosas y el corazón a mil, nadie sabía que yo la verdad, daba gracias a dios por poder bajar volando y no en la camioneta. Detalles de mierda que a nadie le importan.

Jessica, mi amiga sureña me acompañaba en la aventura. Aperrada, como buena lamgnen araucana, nos emperifollaron con arneses, cascos, guantes, cámaras GoPro en mano e instrucciones de vuelo y aterrizaje; lejos las tortugas ninjas más sexies del reino. Mirábamos desde la cima del cerro y la verdad, se veía alto, más alto que la xuxa para ser honestas, pero el día era perfecto, no hacía calor, corría una suave brisa tibia y el cielo impecablemente azul se lucía imponente con unos algodoncitos blancos que parecían nubes.

“Afírmate, el parapente nos va a tirar hacia atrás, tú firme, yo te aviso cuando soltarte” me decía el encantador instructor; de pronto y sin darme mucha cuenta de qué fue lo que pasó, mis patitas cortas pataleaban en el aire y yo quedaba sentada echá pa atrás como en una hamaca colombiana mientras el aire me peinaba las chascas y el instructor conducía nuestra nave de vela aérea con la sutileza de una guagua que se mece en brazos de su mamá… una taza de leche, un remanso eterno, un paisaje de la puta madre desde el cielo. Me quedé como en trance tratando de entender dónde estaba, asimilando que me encontraba flotando en el cielo como sin gravedad, solo flotaba, nada más se movía, el mundo se detenía bajo mis pies y sobre mi cabeza, las pompas de algodón que parecían nubes me tenían obnubilada, todo perfecto, tranquilo, relajante y zen…. Hasta que se me ocurrió ponerme chora.

“Oye, pero esto es super piola, es para venir a relajarse, o sea, basta con que no tengas vértigo, y es recomendable para cualquier ciudadano, de extremo nada” fueron mis palabras mágicas que pusieron al instructor en alerta, esta weoncita necesitaba adrenalina extra, y él estaba dispuesto a suministrarla. “¿Quieres que hagamos unos giros? Te atreves?” la weá que me dijeron, que me reten a atreverme a algo es merkén en el poto, obvio que me atrevo, soy una chiñurra aguerrida y no me vengan con cosas! Póngale música maestro!

Vuelta pa un lado, vuelta pal otro, pa adelante, pa atrás…. A los gritos, chuchadas al aire, con cara de ser la zorra nuclear voladora y la guata revuelta, pero la adrenalina a tope, el vértigo, ver el suelo tan lejos y las nubes tan cerca con la sensación de estar en un simulador de gravedad cero de la NASA. Es posible que exagere un poco, pero la weá estuvo buena, y me montaría 100 veces más. Mientras sentía que vomitaría mi vida entera y contra el viento, haciendo del video la weá menos glamorosa del mundo y dejando a LUN que cubría mi hazaña, dando alimento de trolls por semanas; me dije a mi misma: “Misma, no podís vomitar, no podís vomitar en el aire, dejar enchastrado al instructor, no podís dejar asqueroos los equipos, weona, no podís”. Así que cerré los ojos y respiré profundamente ese aire lejano y fresco para reencontrarme con el centro no vomitador de mi cuerpo.

“Se me revolvió un poco la guata” le dije al instructor, tratando de pasar piola y que no supiera que en ese momento podía hacerme reversible vomitándole encima… y él con su siempre encantadora forma de enseñar, me enseñó cómo vomitar en altura ajajajajaja nunca olvidaré sus instrucciones formidables: “Respira, mira un punto fijo, si el vómito es inminente te echas hacia adelante y vomitas hacia la izquierda, a favor del viento” ajajajajaja pobre, yo creo que temió.  Debo confesar que en un momento quise vomitar sin censura y así lograr que el video quedara aún más ávido de rating, pero después pensé que el vómito podía hacer creer que la experiencia no era placentera…. Ajajajajaja como una gran caña. Así que respiré profundo, miré el punto fijo y no vomité, y me dediqué a preguntarle al instructor por experiencias con vomitones en el aire, así entre muchas risas llegó la hora de aterrizar.

Bajamos de a poco, mirando el paisaje, la weá la raja… toqué tierra firme y sin caerme de poto me puse de pie como Lázaro, y “andé”.

sinvomitar

“¡¡¡Soy una campeona, aterricé sin vomitar!!!” grité al llegar al punto de partida mientras levantaba una mano en señal de triunfo. Feliz, sonriente, tarea cumplida y adrenalina hecha. Si me preguntas si te lo recomiendo, un rotundo SI. Hay cosas que en la vida uno debe hacer si tienes la posibilidad de hacerlas, y si están baratas con mayor razón. Aquí te dejo el Groupon de esta experiencia épica.

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