comentario de teatro

[teatro] Cock, una obra para hombres sin cojones

Cock significa gallo, pero también “pico” en inglés. Sí, pico, o si quieres pene, polla, diuca, corneta o como más te guste. Supongo que en “Cock”, hace referencia a que es una obra protagonizada por hombres, y por hombres a quienes les gusta el pico tanto como a nosotras. Pero para mí, la obra debió llamarse “Balls”, porque más que otra cosa, la obra nos habla de hombres sin bolas, donde la carencia de cojones se hace transversal a la sexualidad, donde la gueydad es secundaria, y donde el ser pusilánime trasciende a con quién te acuestes.

En Cock, original del dramaturgo inglés Mike Bartlettlos y dirigida en Chile por Álvaro Viguera, los protagonistas son Felipe Braun y Héctor Morales; una pareja gay fuera del closet y apoyados por sus familias que lleva muchos años juntos, y donde Juan, interpretado por Morales, conoce a una mujer que lo hace dudar de su futuro con su actual pareja y le propone una vida “normal” con hijos, mujer y hogar. Una mujer potente y cojonuda que le muestra el potencial de su amor heterosexual, interpretada por Daniela Ramírez.

El personaje de Felipe Braun es una simple maravilla, alejado de todos los galanes de teleserie a los que estábamos acostumbrados desde Ariel Mercader de Machos en adelante (papeles por los que las mujeres chilenas siguen muriendo por él) , hombres sensuales, desordenados y altamente eróticos, hoy Braun nos muestra una faceta de yegua del apocalipsis que sorprende, un gay con estilo, que se viste bien, que es duro y desinhibido; pero que a la hora de los quiubos es una zorra manipuladora, enamorada y cobarde que se refugia entre las rodillas de su padre; lo que hace francamente imposible no empatizar con él.

Y quisiera enfocarme mayormente en el papel de Héctor Morales, y lo comenté con él entre risas, ¡por qué xuxa siempre le dan a Morales los papeles de hueones pusilánimes de mierda! Este que vimos en Cock, es como la versión gay hipster de Aliro, el papel que interpretaba en Soltera Otra vez, la teleserie del 13. En Cock, es un flacuchento sin carácter, cuya vida se ve definida por quien tiene al lado, y con la capacidad infinita de no saber qué mierda quiere en la vida, y en ese transitar insípido por el mundo, va dañando a quienes se topan con él en el camino.

Juan es un hombre promedio, sin grandes convicciones, con ganas de hacerlo todo sin hacer casi nada, y esperando que quienes lo rodean le resuelvan la existencia. Juan, sufre. Por supuesto que sufre, cómo cresta no va a sufrir una persona que no es capaz de tomar nunca las riendas de su vida y que se mueve exclusivamente con las ondas de la marea que lo rodea. Esa weá es para sufrir, creo yo.

Y ella, la única mujer de la obra, espina que pincha el equilibrio del cosmos de la pareja gay perfecta y pasional, finalmente es la encarnación del riesgo. Ella representa salir de la zona de confort, ella es la figura del temerario que deja todo lo conocido y se aventura a lo nuevo; ella es todo lo que Juan sueña para su vida, pero que no se atreve a manejar, porque la cobardía de la comodidad es tanto más poderosa que la vorágine del riesgo, y por sobre todo, más reconocida que la desconocida adrenalina del triunfo. La mediocridad de la permanencia tiene olor a sofá regalón mirando el fuego.

A ella, le faltaron tetas. Pero casi no importó. A Juan le sobró un texto panfletario de proselitismo gay con emocionalidad Shakespeariana cuando no era necesario, si la obra completa nos hablaba de respetos y dificultades.

Tomás Vidiella interpreta al padre del personaje de Braun, un viejo bien, de chaqueta marinera y botones dorados, que pese a sus incomodidades iniciales, ha logrado convivir amistosamente con la idea de tener un hijo gay, y se acostumbra a la moda moderna de que en todo hogar que se precie tengamos al menos uno. Gay claro, porque fletos o maricones son los que no tienen plata. Tomás se convierte en la carta escondida que nos explica sobre las debilidades del ser humano interpretado por Braun, que es muy chorito como para querer enfrentar a la mujer que quiere arrebatarle al amor de su vida, pero que finalmente necesita apoyo moral de terceros para enfrentarla. Una debilidad más común de lo que creíamos, y más humana de lo que queremos asumir.

Una obra en la que mientras reflexionas, te ríes. Quise matarlos a todos, por separado y dolorosamente, a cada uno en una escena distinta. Supongo que esa reacción visceral tiene que ver con que lograron hacerme odiarlos, y eso, para quienes no entendemos mucho de crítica teatral, me basta para recomendar que la vean.

cock afiche