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Traigan aserrín, llegó Invictus!

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Es sabido que lo mío es el guatón parrillero, el vikingo sanguchero, el náufrago con sobrepeso; pero también es sabido que si de fetiches se trata, el oblicuo hace que se me caigan los calzones en un abrir y cerrar de piernas. Ya hemos hablado largo y tendido del efecto humectante de los oblicuos de Alexis Sánchez en la mujer chilena promedio, y estamos orgullosas, porque es chileno y lo podemos lucir en las portadas extranjeras; pero cuando llega a nuestra vía pública uno que no sólo tiene los oblicuos, si no que además la cara perfecta, la barba de reo, los brazos turgentes, tatuado y con la mirada del cabro bueno que se pone malo; pues estamos hablando de una especie rara, apetecida y deseada; y yo no me quedo atrás en el chorreo bíblico de baba.

Era agosto, yo venía de regreso de un viaje a India, el día en que tomaba el avión de vuelta a Chile caché que Murphy una vez más jugaba conmigo y me tiraba una gripe del terror a horas de subirme al avión. Bangalore – París fue una tortura, pero llegar a París era peor, me esperaba una escala de 12 horas, lamentablemente, me sentía tan mal que no era capaz de tomar el tren e irme de cafecitos a Montmartre, decidí en un acto de lapidaria enfermedad, permanecer en el aeropuerto, me apoderé de un sillón medianamente cómodo en la zona de lujo del Charles de Gaulle y fue entonces que lo vi, una pantalla LED gigante ponía frente a mi a Nick Youngquest, el mijito rico más rico que había visto en los últimos tiempos; lo siento Marcial Tagle, pero este jovenzuelo te puso en mi segundo puesto de los amores eternos. Y claro, además, yo volaba en fiebre, dormitaba, despertaba, lo miraba caminar por ese estadio, superar dioses del Olimpo, reventar esculturas y pasearse minas exquisitas semidesnudas… era lo único que podía hacer que mi fiebre se sintiera menos terrible, Nick se convertía en mi propia Fierecilla Domada.

Y qué hay de esa barbita de 4 días que pincha un poquito, esa que yo he llamado “la máquinas de hacer heridas de guerra”, de esas magulladuras de combate que se muestran con orgullo, como en El Club de la Pelea, esas raspadas de pera colorada, esos pelones de cuello rasguñado; esos que exhibes sin pudor ni necesidad de pañuelo al cuello, porque finalmente quieres responder la pregunta: “¿qué te pasó ahí?”.

Y finalmente la actitud, pucha mis cabros lindos, es que al final la actitud mata a galán, mata a billetera, mata a celebridad y mata todo lo que pille a su paso; un hombre con actitud ganadora hace que se nos paren los pelos, que se nos erice la piel, que se nos desabroche el sostén; esa seguridad de su sonrisa final, esa sonrisa de cabro bueno que quiere ponerse malo, que sabe que logrará lo que busca; esa sonrisa cabros, esa es la que finalmente vale. Y bueno si la acompañamos del poto perfecto, doble alegría. Y como dijo Pamela Constant: “A este hombre sólo le sobra una cosa, el pantalón”.

Y para finalizar, les tengo la mansa sorpresa, entre los comentarios de este post voy a regalar un perfume!!!! Así que participen por “Invictus”, la nueva fragancia de Paco Rabanne comentando hasta el viernes 25 de octubre, pónganse [email protected] y dejen su mail de verdad, de lo contrario no podré contactarlos! -no se aweone-

EL GANADOR DEL CONCURSO ES Gabo Pappen por dinamitar su «gaysismo» y salir del clóset por Nick! ajajajajaja FELICIDADES!!! ya me contacté por interno para la entrega de su Invictus.