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[TV] Lo que aprendimos de Soltera Otra Vez 2

Han criticado a diestra y siniestra el final de la segunda temporada de la teleserie que quiso mostrar la vida de la soltera más inestable del mercado. Yo creo que más que criticar un final rancio y lleno de clichés que rayaron en el copy paste de toda teleserie de dueña de casa de las 3 de la tarde, lo importante es hacer un análisis de lo que aprendimos; de cómo una producción dramática puede tener las mejores intenciones de ser rupturista, de querer mostrar a una mujer treintona y soltera que se come la vida, pero que finalmente no es otra cosa que una más de las chiquillas conservadoras travestida de progre.

También podríamos decir que aunque en la historia quisieran culpar a Disney de sus trancas emocionales –bandera que con gran ahínco he enarbolado hace años-, lo importante es que nunca lograron salir del mero discurso y terminaron en un final donde todos vivieron felices para siempre, donde el bien triunfa estrepitosamente sobre el mal, y donde las estupidez humana perdona infidelidades en nombre del amor –una de las aberraciones más grandes del universo universal-.

Un hombre sin las bolas para jugársela de verdad por su mujer logra que su mujer lo ame sin tenerlas; un galán de cuarta categoría, que se afila la primera weá que le mueve el culo logra ser perdonado por una mujer hermosa y honesta, un imbécil incapaz de amar desde la profundidad de la cotidianeidad logra que una estúpida emocionalmente inestable no solo se enamore de él, sino que se obsesione a tal punto que defina su vida como un fracaso debido a que no logró casarse con él. Y es que el maldito personaje de Macaya distaba profundamente de ser el príncipe azul, siendo más bien una Bestia con ojos de inadaptado escolar reventador de clítoris femeninos. Así como Cristina distaba profundamente de ser una princesa de Disney, siendo más bien una mujer sin cojones, que sin un hombre fracasaba en su ser mujer, y ese guiño a la felicidad de aceptarse como una es, completa y perfecta sin necesidad de una media naranja porque somos cada una la naranja completa; no fue más que un guiño.

Quise más puta a Cristina, más resuelta, más felíz; abandoné a su suerte al galán chileno en las manos del pelmaso del Monito, arrojé la primera piedra sobre Aliro en su insoportable vida emo, y entendí que los únicos que se amaban y sabían amar eran el Turco y la Negra; que pese a sus superficialidades, pese a sus personalidades posesivas, pese a sus estrategias pelotudas, finalmente eran los únicos capaces de amar sin dejar de ser ellos mismos, y tratando de abrazar al otro desde una vereda distinta a la vanidad. Brindo por el final de la teleserie, que nos enseñó que somos un país mamón y sin cojones, pero que nos da la esperanza de poder amar de verdad. Gracias Turco y Negrita; y suerte con los mellizos, que el vivieron felices para siempre se pone en interminable pausa en el momento en que la caca sobrepasa el pañal.