Mi experiencia

A veces lloro en los aviones

A veces lloro en los aviones.  En ese espacio tan íntimo,  qué más íntimo que esas horas conmigo,  escuchando nada más que mis pensamientos.

No pongo música,  ni tele,  me obligo a que mi cabeza me hable,  me cuente de aquello que la tiene atorada.

A veces lloro en los aviones,  cuando me pregunto y no siempre me respondo;  a veces la autoflagelante gana,  la honesta gana,  deja callada a la ruda,  a la pública;  a veces lloro en los aviones,  de impotencia,  de dolor,  a veces de cansancio.

La cabeza piensa sola,  no es necesario darle permiso,  a ratos te inunda,  te invade,  te ahoga. Es vivaracha,  a ratos maricona, espera esas horas de avión para que no puedas nublarla con otras informaciones,  te espera ahí,  vulnerable,  en silencio,  a solas y paf! Cachetada tras cachetada.  Te pincha los ojos hasta que sangran.

La cabeza es autónoma,  no pide permiso,  mucho menos perdón.

A veces lloro en los aviones,  entre snacks de mierda y vasos de plástico;  porque el atentado a las Torres Gemelas no sólo nos quitó vidas inocentes,  también nos arrebató la dignidad de viajar en avión.

Entre jugos rancios y frutos secos se caen lágrimas que nadie ve.  Menos mal a nadie le importa el vecino,  menos mal a la azafata le conviene no verte.

Por la chucha,  debí haber traído un libro.  Aun quedan dos horas de vuelo.