Cuentos

Verano adolescente

Treintaymuchos grados, incendios forestales tienen la ciudad cubierta de humo, el calor se hace distinto, se hace sucio, oscuro, denso. Y como todos los días a esta misma hora voy a posarme en la reposera, como ballena japonesa varada a la orilla de la piscina, tomo el libro de turno, me enchufo los audífonos, me baño en protector solar y disfruto de la simpleza de estar ahí y no tener que estar en otro sitio.

 

Pero hoy es distinto, una pareja adolescente llega haciendo ruido, como corriendo, ella con su risa chillona clásica de pendeja caliente, él juega a perseguirla y la toma para arrollarla, con su cuerpo clásico de pendejo adolescente mal hecho, al que le han crecido mucho los brazos y que no controla mucho su motricidad fina, la cara de paja permanente se le nota desde lejos; y me pregunto cómo lo hacen esas adolescentes perfectas, de cuerpos hermosos, pechugas recién crecidas y vientres turgentes para enamorarse de esos adolescentes que aún están en construcción, que se les nota que son una noticia en desarrollo, que tienen tres pelos en la cara y ya creen tener barba… pero ellas, las adolescentes recién hechas a mano, se enamoran de estos imberbes pelotudos que gozan tirándolas a la piscina y cambiándolas por Coca Cola y Playstation.

 

Y los veo reírse a gritos, meterse a la piscina y aprovechar al máximo ese momento de desnudez pública, de agarrones bajo el agua, de roce indebido mientras hay más gente mirando, pero nada les importa, y se besan como si no hubiera mañana, y yo digo, puta el pendejo suertudo, se está agarrando a la mansa mina y probablemente no tiene idea, ella lo mira con cara de te-voy-a-dejar-que-me-lo-pongas-cuando-se-vaya-mi-mamá y él sabe que no puede guatear.

 

Entonces, pololo adolescente sale de la piscina junto a polola adolescente con una evidente erección, y yo recuerdo entonces que los veranos solían ser mucho más que instalarse en la orilla de la piscina a leer libros, e inmediatamente declaro que volverán a ser así.