Random, Relaciones

¿Y si mejor me hago dama de compañía?

Siempre se habla desde la mitología urbana de finas escorts que acompañan a finos señores a sus comidas de negocios cuando no están en su ciudad, a bodas de familiares para que su fletez no sea descubierta por sus íntimos y cercanos, a eventos sociales donde les gustaría lucir a una mujer que los haga quedar como campeones… pero la verdad, es que yo al menos, no conozco a ninguna. Conozco muchas putas, pero estas finas escorts no son putas, son damas de compañía, te hacen quedar regio, pasarlo bien, quebrarte con los invitados; pero sin favores sexuales. Y yo creo, que sería mi pega soñada.

¿Por qué nací para escort? Porque para empezar, la genética me regaló cabellera dorada y ojitos de piscina, mis padres se encargaron de pagarme un buen colegio y una carrera universitaria, yo me encargué de sacarme muy buenas notas, ganarme becas y viajar por el mundo. Me encargué de aprender de actualidad y política internacional, de bailar salsa, merengue y bachata, de ir de bilingüe por la vida y de tener muchos contactos en las altas esferas del ecosistema empresarial. Bonitos cargos en mi CV y por sobre todas las cosas, la gente se ríe y lo pasa la raja cuando compartimos la misma mesa en un matrimonio.

Entonces, podría fácilmente acompañar a un varón de mundo a no aburrirse en un evento social y hacerle pasar un buen rato mientras deja su hombría plantada en los anales de la vida social, podría ayudar a un gay a pasar piola frente a su abuela para no matarla de un infarto al averiguar su fletez. Podría acompañar a esos solterones insufribles de ñoños, hasta esos señores guatones con esposas histéricas podrían bailar un rato y parecer medianamente felices. Y el detalle del éxito: como no soy una mina espectacularmente rica, apolínea, ni perfecta; entonces no despertaría ninguna sospecha. Todo el mundo sabe que soy soltera y sin compromisos, y es conocida mi experiencia como acompañante de amigos sin +1 a bodas.

Si los gringos inventaron el “rent a friend” y ni se arrugaron, yo debería rentabilizar la inversión de mis padres, mi propia autoeducación y lo invertido en haber ya conocido 23 países, para asegurarme un futuro con vejez decente. Siento que pierdo plata a cada minuto que pasa.

Y claro, la parte buena es que es sin tirar, porque esa weá de tirarse señores que no me gustan no es lo mío, además, tampoco soy una faraona del ring de cuatro perillas, entonces considero una patudez ponerme a cobrar por un acto que no sé si sería como para aplaudirlo, y mucho menos para invertir lucas. Una será empeñosa, pero jamás virtuosa.

Que a una le paguen por ir a comer rico, saludar gente, sonreír y bailar, me parece una perfecta opción si es que el periodismo no me llegara a resultar. Y creo que podríamos poner una agencia, conozco varias más con características similares, de distintos perfiles y colores, pero sólo las arrendaremos de a una por cliente, si esta weá es una pyme, no un puterío. Y le agregamos un par de machos encantadores que puedan suplir la necesidad del nicho femenino. –yo habría necesitado de este servicio hace algunos matrimonios de amigas atrás

Y bueno, si se me aparece un cliente con barba y aspecto vikingoide, pues todo es conversable, y hasta podríamos dejar la tarifa sin efecto. Los clientes postulan y las escorts decidimos si prestar los servicios de compañía o no, esta weá tiene que tener su dignidad y no se trabaja con cualquier mono sudado. Postularemos a un Capital Semilla y boletearemos con la frente en alto resguardando la lista de usuarios con nuestras propias vidas, no como esas escorts ordinarias que cuando necesitan lucas van a la tele y revelan los nombres de sus amantes pagadores.

Nosotras seremos escorts, no maracas. Garantizado: mujeres de códigos, una virtud tan escasa en las relaciones de hoy. Y no usaremos escotes hasta el ombligo, porque somos escorts y no modelos faranduleras, lo nuestro es ser encantadoras, no tener tetas con paperas. Unas geishas posmodernas, artistas, seductoras, simpáticas y graciosas. Las tetas se guardan y las minis se esconden, nos alisamos el pelo y nos ponemos los aritos de perla, si la ocasión lo amerita, hasta le llevamos chalequito con rombos en tonos pastel y anillo del Villa María Academy.

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P.D.: Papi, esta weá es hueveo, por favor no te me infartes.